La ciudad y los perros
978-8420412337¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si metieras a un montón de adolescentes en un colegio militar donde sobrevivir significa pisotear o ser pisoteado? Pues Mario Vargas Llosa se atrevió a contárnoslo en su primera novela, y vaya que lo hizo sin anestesia. "La ciudad y los perros" es de esos libros que te dejan con el estómago revuelto, porque lo que pasa dentro del Colegio Militar Leoncio Prado de Lima no es bonito. Para nada.
Los protagonistas son los integrantes del "Círculo", un grupo de cadetes que podrían ser tus vecinos, tus primos, cualquier chico de barrio. Pero claro, el ambiente los cambia, los retuerce. Entre esos muros grises la violencia es moneda corriente. Los más grandes abusan de los nuevos, los oficiales aplastan a todos por igual, y la tensión se corta con cuchillo. Es un universo paralelo donde las amistades nacen y mueren en cuestión de segundos, donde demostrar que eres "bien macho" puede costarte el alma, y donde tus valores... bueno, digamos que se tambalean como gelatina.
La cosa se pone fea cuando al Círculo se le ocurre la brillante idea de robarse las respuestas de un examen. ¿Qué podía salir mal, verdad? Pues todo. Las traiciones empiezan a brotar como hongos después de la lluvia, los abusos se vuelven más salvajes, las broncas escalan hasta niveles que dan escalofríos. Y cuando menos te lo esperas, alguien termina con una bala en el cuerpo. Entre los personajes tenemos a Alberto, "el Poeta", que se gana unos soles escribiendo cartitas de amor para los enamorados sin talento; Ricardo, al que todos llaman "el Esclavo" (y créeme, ese apodo pesa como una lápida); y el Jaguar, un tipo que mete miedo pero que también carga sus propios fantasmas. Cada uno va soltando pedazos de la historia, y tú ahí, tratando de armar el puzzle mientras se te revuelven las tripas.
Lo que realmente te golpea es que el colegio militar no es solo el lugar donde pasan las cosas. Es como si las paredes mismas susurraran órdenes, como si los pasillos te obligaran a caminar de cierta manera. Los rituales de iniciación que rayan en la tortura, ese código de silencio que todos respetan aunque los esté matando por dentro, las jerarquías que te recuerdan cada segundo quién eres y cuál es tu lugar... Todo eso va esculpiendo a estos muchachos como si fueran arcilla. ¿Lo peor? Que ni siquiera se dan cuenta de cómo los está cambiando hasta que ya es muy tarde. Y ahí es donde Vargas Llosa se luce: no te sermonea ni te dice "esto está mal". Simplemente te planta frente a esta realidad despiadada y te deja ahí, con un nudo en la garganta y mil preguntas dando vueltas.
Crítica
¿Te acuerdas de ese libro que te voló la cabeza cuando lo leíste por primera vez? Para muchísima gente, "La ciudad y los perros" fue exactamente eso. Mario Vargas Llosa no llegó de puntitas a la literatura: entró pateando la puerta. Y vaya que la pateó fuerte. No estamos hablando de una novelita más sobre chicos en uniforme militar. Esto era el Perú de los cincuenta mirándose al espejo sin filtros, con todas sus cicatrices a la vista. El Colegio Militar Leoncio Prado funciona como un país chiquito donde la bronca diaria, las diferencias entre ricos y pobres, y los juegos de poder muestran —en pequeña escala pero con una claridad que asusta— lo mismo que pasaba en las calles limeñas y en todo el país.
Una forma de contar que te descoloca (pero en el buen sentido)
Mira, lo primero que te pega cuando empiezas a leer es que Vargas Llosa no te la pone fácil. El tipo brinca de un personaje a otro, juega con el tiempo como si fuera plastilina, y básicamente te dice: "Acá tenés las piezas, ahora armá vos el puzzle". Las primeras páginas pueden ser medio caóticas —no te voy a mentir—, pero después le encontrás la vuelta y ahí es cuando la cosa se pone buena de verdad. Cada voz que aparece trae su pedacito de verdad. Está el Jaguar, un pibe que parece más fiera que persona. El Poeta, siempre volando en su nube. El Esclavo, pobrecito, intentando no morir en el intento de sobrevivir ahí adentro... Son pibes complicados, llenos de miedos y rabias que tal vez reconozcas en vos mismo. O en tu primo. O en ese compañero del secundario que nunca supiste bien qué onda.
Palabras que pegan donde duele
El lenguaje... uf, el lenguaje. Desde el vamos, las palabras vienen con filo. Vargas Llosa describe una realidad donde un cachetazo duele tanto como que te ignoren. Casi podés sentir el cagaso en los dormitorios cuando cae la noche, el olor a transpiración rancia después de los ejercicios, los puteríos que cruzan el aire como misiles. Pero ojo, que entre tanta dureza aparecen esos momentitos que te desarman: un pibe escribiendo cartitas de amor para otros (porque necesita la plata), otro fantaseando con rajarse de ahí, todos aferrándose a algún cachito de ternura en un lugar armado específicamente para sacártela a patadas.
El sistema que te quiebra para "formarte"
La novela te muestra sin anestesia cómo funciona un sistema educativo que se confunde feo: cree que formar el carácter es lo mismo que quebrar personas. ¿A cuántos conocés que pasaron por algo parecido? Quizás no tan heavy, pero la lógica es la misma. Vargas Llosa desnuda estos lugares con sus rituales de humillación constante, donde el "no seas buchón" es ley sagrada. Y lo peor: muestra clarísimo cómo se fabrica ese círculo maldito donde el que hoy come caca, mañana se la hace comer a otro. Hay partes que dan bronca. Otras que dan pena. Y muchas que dan las dos cosas juntas.
Por qué sigue pegando después de tanto tiempo
¿Sabés qué? "La ciudad y los perros" sigue vigente porque toca fibras que todos tenemos. No importa si naciste en Lima, en Buenos Aires o en cualquier rincón: el abuso de poder existe en todos lados. La pelea por conservar un poco de dignidad cuando todo el mundo quiere pisotearte, también. Y ni hablar de ese quilombo que es crecer, hacerse grande en un mundo que a veces parece diseñado especialmente para hacerte mierda. Vargas Llosa logra algo re difícil: te engancha con una historia que no podés soltar y al mismo tiempo te hace pensar en cosas jodidas sobre cómo somos los seres humanos. Por algo, después de todos estos años, sigue siendo de esos libros que tenés que leer sí o sí. No solo para entender la literatura latina, sino para entender esas movidas de poder que —qué bronca da admitirlo— siguen funcionando igualito en nuestros días.