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Apocalipsis de Stephen King

Apocalipsis

978-8466357234

¿Te imaginas despertar un día y descubrir que el 99% de la humanidad ha desaparecido? Eso es exactamente lo que ocurre en "Apocalipsis", la novela que Stephen King publicó por primera vez en 1978 bajo el título "La danza de la muerte". La historia arranca con un virus letal —uno de esos que te ponen los pelos de punta— que se escapa de una base militar. Y aquí viene lo escalofriante: este bicho microscópico barre con casi toda la población mundial en cuestión de semanas.

Los pocos afortunados (¿o desafortunados?) que sobreviven gracias a su inmunidad natural empiezan a experimentar algo que te deja con la boca abierta: sueños proféticos. No hablamos de sueños cualquiera, sino de visiones que los llaman, los atraen como imanes hacia dos figuras completamente opuestas. Por un lado está la Madre Abigail, una viejecita de Nebraska con una sonrisa cálida y una fe inquebrantable que representa todo lo bueno que queda en el mundo. Por el otro, tenemos a Randall Flagg, el "hombre oscuro" que ha plantado su bandera en Las Vegas —qué ironía, ¿verdad?— y que básicamente es la personificación del mal en su estado más puro.

Y aquí es donde la cosa se pone realmente intensa. Los supervivientes no pueden quedarse de brazos cruzados; tienen que tomar partido. Algunos siguen sus sueños hasta Boulder, Colorado, donde intentan reconstruir la civilización bajo la guía espiritual de la Madre Abigail. Otros, seducidos por promesas de poder o simplemente atraídos por la oscuridad, marchan hacia Las Vegas para unirse a Flagg. Es como ver dos hormigas reinas estableciendo sus colonias, solo que aquí lo que está en juego es nada menos que el alma de lo que queda de la humanidad. La tensión va creciendo, las comunidades se fortalecen, y todos saben que el choque es inevitable. El enfrentamiento final entre estas dos fuerzas determinará si la humanidad tendrá una segunda oportunidad o si caerá definitivamente en las tinieblas.

Crítica

¿Te has parado a pensar alguna vez qué pasaría si el 99% de la gente se esfumara de golpe? Pues Stephen King  se lanzó de cabeza a responder esa pregunta con "Apocalipsis", y el resultado es una novela que te deja con la boca abierta. No es solo otro libro de miedo más; es como mirar en un espejo gigante donde se refleja todo lo bueno y lo malo que llevamos dentro. Y sí, es una locura de ambicioso este proyecto, pero el tío lo borda.

Lo que me flipa de verdad es cómo King le da vida a cada personaje. No son los típicos supervivientes de cartón piedra que corren y gritan. Ahí tienes a Stu Redman, un tejano de pocas palabras que acaba liderando sin ni siquiera pedirlo, como si el destino le hubiera dado un empujón. Frannie Goldsmith está embarazada y muerta de miedo, pero tiene agallas que ni ella sabía que tenía guardadas. Y Larry Underwood... Dios, Larry. Un músico egocéntrico que tiene que aprender por las malas qué significa ser de verdad un héroe. Te juro que cuando lees sobre ellos es como si estuvieras tomando café con viejos amigos.

El mundo que pinta King después de que el Capitán Trifas (menudo nombrecito para una gripe mortal) arrasa con todo es para ponerte la piel de gallina. Y no porque la gente palme a mansalva. Es ver esos semáforos parpadeando solos durante días, los perros de casa volviéndose salvajes en manadas, los cuerpos pudriéndose dentro de los coches en la I-70. Y cuando se acaba el caos inicial viene lo chungo de verdad: ¿cómo narices montas una sociedad nueva cuando todo lo que conocías se ha ido al garete? King se mete hasta el fondo en este tema, tanto que a ratos se te olvida que es pura invención.

Pero ojo, que la cosa no va solo de buscar comida enlatada y gasolina. Hay algo más gordo aquí, algo que te toca la fibra espiritual. La batalla de toda la vida entre el bien y el mal cobra forma en estas páginas, aunque King es demasiado listo para pintártelo en blanco y negro. Los buenos la cagan hasta el fondo a veces, y hasta los malos... bueno, tienen sus momentitos. Aunque pensándolo bien, con ciertos personajes mejor no buscarles el lado tierno.

El ritmo es una pasada. Vale, sí, el libro es un tocho (¡en algunas ediciones pasa de las mil páginas, toma ya!), pero King tiene ese don de saber cuándo pisar el acelerador y cuándo tomárselo con calma. Va saltando entre grupos de supervivientes dispersos, y cada vez que cambia el foco te quedas mordiendo las uñas por saber qué pasa con los otros. Es como hacer zapping entre varias series buenísimas, todas conectadas por hilos que al principio no ves pero que poco a poco van tejiendo una telaraña brutal.

Y tengo que hablar de Randall Flagg. El Hombre Oscuro. El Caminante. Madre mía. Si hay un malo malísimo en la literatura actual que me hace dormir con la luz encendida, es este tipo. No es solo que tenga poderes raros; es esa sonrisa torcida, esa manía de colarse en tus pesadillas, ese magnetismo enfermizo que atrae a los desesperados como la miel a las moscas. Y para equilibrar la balanza está la Madre Abigail, 108 años y su guitarra a cuestas, como un faro de bondad en medio de tanta oscuridad. El choque entre estos dos es pura dinamita narrativa.

King se marca aquí un cóctel de géneros que es una maravilla. Tienes el terror puro de la plaga, el rollo ciencia ficción del mundo colapsado, el drama humano de los que quedan vivos, y esas pinceladas de fantasía oscura que le dan ese toque tan especial. Y mientras tanto va soltando preguntas que te remueven por dentro: ¿Qué es lo que nos hace realmente humanos? ¿Hay vuelta atrás cuando la has cagado a lo grande? ¿Hasta dónde llegarías con tal de seguir respirando?

Un montón de gente piensa que "Apocalipsis" es lo mejor que ha escrito King, y no les falta razón. No es una historia más sobre el fin del mundo; es una historia sobre volver a empezar, sobre lo que eliges hacer cuando crees que nadie te ve, sobre aferrarte a la esperanza cuando todo parece perdido. Han pasado décadas desde que salió y sigue pegando tan fuerte como el primer día. Y eso, queridos lectores, es lo que separa a los libros buenos de los que se quedan grabados a fuego en tu memoria para siempre.