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El camino

El camino

978-8423353842

"El camino" nos cuenta la historia de Daniel, al que todos llaman el Mochuelo, un chaval de once años que vive en uno de esos pueblecitos del norte de España donde todo el mundo se conoce. La noche antes de marcharse a la ciudad —porque su padre está empeñado en que estudie para "ser alguien"—, Daniel no puede pegar ojo. ¿Cómo va a dormir sabiendo que al día siguiente dejará atrás todo lo que conoce? Así que se pasa las horas recordando cada momento vivido en su pueblo. Y mientras tanto, nosotros vamos conociendo a sus compañeros de correrías: Roque, el Moñigo, que es hijo del boticario y tiene ese carácter fuerte que tanto admira Daniel; y Germán, el Tiñoso, el hijo del quesero, más tranquilo pero igual de leal. También descubrimos a todos esos vecinos que hacen del pueblo un lugar único, cada uno con su mote y sus manías, sus historias grandes y pequeñas.

La novela va saltando de recuerdo en recuerdo, como hace la memoria cuando uno está a punto de dejar algo querido. Daniel nos lleva por las calles del pueblo, nos enseña dónde jugaban, dónde se metían en líos, dónde aprendieron las primeras lecciones de la vida. Conocemos las travesuras con sus amigos, los pequeños conflictos entre vecinos, esos momentos que parecen poca cosa pero que acaban siendo los que más recordamos. Todo está bañado por esa tristeza agridulce que da saber que se acerca el final de algo. Porque al fondo late siempre la misma pregunta: ¿merece la pena alejarse de todo esto para "progresar"? ¿Qué es realmente progresar? ¿Acaso no es más rico quien tiene amigos verdaderos y un lugar al que pertenecer?

Crítica

¿Alguna vez has sentido esa punzada en el pecho al recordar tu infancia? "El camino" te lleva de vuelta a ese lugar donde todo parecía más sencillo. Delibes nos regala una joya que respira vida rural por cada página. Con palabras cotidianas y directas, como las que usaría el propio Daniel el Mochuelo, el autor nos sumerge en ese mundo de pantalones cortos y rodillas peladas. No hay artificios ni florituras innecesarias: solo la voz limpia de un niño que mira su pueblo con ojos que pronto dejarán de serlo.

La genialidad está en cómo Delibes teje todo en una sola noche de insomnio. ¿Te imaginas? Daniel, tumbado en la cama, repasando cada rincón de su vida mientras las horas pasan lentas. Y así, saltando de recuerdo en recuerdo, conocemos a los vecinos: el Moñigo con su fuerza bruta, Germán el Tiñoso con sus ocurrencias, la Mica siempre misteriosa... Cada personaje tiene su historia, sus manías, sus pequeñas tragedias. Son personas de carne y hueso que podrías encontrarte en cualquier pueblo perdido entre montañas.

Lo que más conmueve es cómo afloran los grandes temas de la vida sin que te des cuenta. La amistad verdadera, esa que solo existe cuando eres crío. El primer amor torpe y confuso. La muerte que llega sin avisar y te deja helado. Y todo esto filtrado por los ojos de Daniel, que entiende las cosas a su manera, con esa mezcla de sabiduría e ingenuidad que solo tienen los niños. Te hace plantearte si ese progreso del que tanto hablan los mayores merece la pena cuando el precio es dejar atrás todo lo que quieres.

Hay algo mágico en esta novela que la hace eterna. Quizás sea porque todos hemos sido Daniel alguna vez, mirando con miedo hacia adelante mientras nos aferramos a lo conocido. Delibes consiguió algo muy difícil: contar una historia pequeña que habla de cosas enormes. No es solo la España de los años cincuenta lo que retrata; es ese momento exacto en que dejas de ser niño y el mundo se vuelve un poco más gris. Una obra imprescindible que te deja con un nudo en la garganta y ganas de volver a casa.