El largo exilio de Luis Cernuda: los años de exilio de un poeta

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Luis Cernuda durante sus años de exilio
Redacción | Vie, 5 Sep 2025 - 23:17
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Luis Cernuda, autor de obras esenciales como La Realidad y el Deseo, vivió desde el estallido de la guerra civil española hasta su muerte en años de exilio que marcaron su obra poética.

La historia de los últimos años de Luis Cernuda es una de las más cargadas de tristeza y nostalgia de nuestra literatura reciente. Este poeta sevillano, una de las voces más brillantes de la Generación del 27, pasó más de veinticuatro años lejos de su hogar. Un hogar al que nunca consiguió volver. Desde que salió de España en 1938 hasta que murió en México en noviembre de 1963, nunca más volvió a pisar su tierra. Su destierro no solo cambió su vida por completo, sino que moldeó cada verso que escribió después. Durante todos esos años de desarraigo, Cernuda construyó una de las obras más personales y conmovedoras de nuestra poesía, marcada a fuego por la experiencia del exilio.

¿Cuáles fueron las causas que llevaron a Luis Cernuda al exilio?

La Guerra Civil en España fue como un terremoto que sacudió los cimientos de toda una generación. Para Cernuda, como para tantos otros intelectuales del 27, el conflicto llegó en el peor momento posible. Estaba en plena efervescencia creativa, con obras fundamentales ya publicadas que mostraban su particular manera de ver el mundo. Cuando estalló la guerra en julio del 36, el poeta tenía muy claro de qué lado estaba: con la República, con esos ideales de libertad que compartía con amigos como Rafael Alberti, María Teresa León y Manuel Altolaguirre. Cernuda no era de los poetas que iban por ahí dando mítines, pero su compromiso era firme: creía en la democracia y en los valores liberales que defendía la República, todo lo contrario al autoritarismo que venía con los sublevados. Antonio Rivero Taravillo, que conoce la vida del poeta como la palma de su mano, cuenta que Cernuda, pesimista como era por naturaleza, vivió aquellos primeros meses tras el golpe de estado con el estómago encogido, presintiendo que aquello acabaría mal y que tal vez tendría que hacer las maletas para siempre.

¿Qué sucedió en febrero de 1938 que marcó su partida definitiva?

Febrero del 38. Esta fecha quedó grabada para siempre en la vida de Cernuda. El gobierno republicano le invitó a participar en un congreso antifascista en Londres, y él aceptó pensando que sería cosa de unos días, tal vez semanas. Pero el destino tenía otros planes. Mientras él estaba en Inglaterra, las tropas franquistas seguían avanzando y la derrota republicana se veía venir. Volver a Madrid suponía un riesgo enorme para él, habida cuenta del destino que habían corrido otros poetas e intelectuales que como él se habían mostrado abiertamente partidarios de la República y sus gobiernos progresistas. Basta pensar en el destino corrido por su amigo Federico García Lorca para entender el temor de Cernuda a regresar a esa España en guerra. 

Derek Harris y Luis Maristany, que han estudiado a fondo la vida del poeta, cuentan que ese viaje marcó el principio de un peregrinaje que duraría más de dos décadas: Inglaterra primero, Estados Unidos después, y México al final. No fue solo alejarse físicamente de España; fue como si le arrancaran las raíces. Y eso se nota en cada poema que escribió después, especialmente en las ampliaciones que fue haciendo de "La Realidad y el Deseo", su obra cumbre, que creció y se transformó durante todos esos años de andar por el mundo.

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Fotografía de un joven Luis Cernuda

¿Qué papel jugaron sus ideales políticos en su exilio?

Cernuda nunca fue de los que se subían a un estrado a gritar consignas, pero sus convicciones eran sólidas como una roca. Creía en la libertad, en la justicia social, en el derecho a la educación, en todo lo que la República había intentado construir. Y eso, claro, le ponía en el punto de mira del franquismo. Salvador de Madariaga, que coincidió con él en el exilio inglés, decía que Cernuda practicaba una especie de "resistencia silenciosa": mantenía su dignidad intacta, se negaba a doblegarse. Y vaya si fue coherente: mientras en los años cincuenta algunos intelectuales empezaron a tantear la vuelta a la España de Franco, él ni se lo planteó. Prefirió cargar con todas las consecuencias del destierro antes que traicionar sus principios. Esa coherencia alimentaba su poesía, sí, pero también profundizaba esa sensación de estar siempre fuera de lugar, de no pertenecer a ningún sitio.

¿Cómo fueron los primeros años de exilio de Luis Cernuda en Inglaterra?

¿Qué dificultades enfrentó el poeta sevillano al llegar a un país de lengua extranjera?

Llegar a Inglaterra en 1938 fue como aterrizar en otro planeta para Cernuda. Él había leído a Wordsworth y a Keats en inglés, pero una cosa es leer poesía y otra muy distinta es pedir un café o alquilar una habitación en un idioma que no es el tuyo. La barrera del idioma le hacía sentirse aún más solo, más extranjero. 

Serafín Fernández, que ha estudiado estos años del poeta, cuenta que tuvo que aprender a moverse en un mundo con códigos completamente distintos a los de su Andalucía natal. Y el clima británico no ayudó en absoluto. La niebla londinense, esa lluvia que no para nunca, los cielos plomizos... Todo parecía un reflejo de la bruma que llevaba dentro. Para colmo, andaba siempre justo de dinero, algo que para Cernuda suponía un sufrimiento constante. Tuvo que dar clases de español en universidades y en el instituto español de Londres para ir tirando. Pero todas esas dificultades también le curtieron. Le dieron una mirada más honda, más compleja. Su poesía se enriqueció con esas experiencias, aunque fueran amargas.

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Fotografía de un joven Luis Cernuda

 

¿Cómo influyó este periodo en su obra "La Realidad y el Deseo"?

Los años ingleses fueron tremendamente productivos para su libro de poemas "La Realidad y el Deseo", esa obra que fue creciendo con él como un árbol que echa nuevas ramas. En Inglaterra escribió "Las Nubes" y parte de "Como quien espera el alba", libros donde el exilio está presente en cada verso. La nostalgia por España, esa sensación de no tener raíces en ninguna parte, las reflexiones sobre qué diablos hacemos los humanos en este mundo... Todo eso aparece en estos poemas, pero con un tono más reflexivo, más filosófico. Rivero Taravillo señala algo muy interesante: el contacto con la poesía inglesa, sobre todo con los románticos y con T.S. Eliot, le cambió el estilo. Sus versos se volvieron más contenidos, más precisos, muy diferentes a la exaltación de tonos modernistas de sus primeras obras. También empezó a escribir prosa por entonces, como "Ocnos", donde evoca su Sevilla desde la distancia con una mezcla de ternura y dolor que te parte el alma. El exilio convirtió "La Realidad y el Deseo" en algo más grande: ya no era solo su historia personal, sino un testimonio universal sobre lo que significa ser humano.

¿Qué relaciones intelectuales estableció durante su estancia en Inglaterra?

A pesar de su carácter reservado, Cernuda logró tejer una red de contactos que le ayudaron a sobrellevar la soledad del exilio. Salvador Alighieri, un profesor de literatura comparada, fue clave para introducirle en los círculos académicos británicos. También mantuvo una correspondencia intensa con Pedro Salinas, el que fuera antaño su profesor en la universidad de Sevilla y amigo, que estaba exiliado en Estados Unidos. Sus cartas son un tesoro: hablan de literatura, sí, pero también de las penas del destierro. Y luego estaba T.S. Eliot, a quien admiraba profundamente y que influyó muchísimo en su evolución poética. Con los otros exiliados españoles la cosa era más complicada. Cernuda era un tipo difícil, introvertido y distante, y no siempre congeniaba con sus compatriotas. Pero mantuvo contacto con gente como Salvador de Madariaga y algunos compañeros del 27 dispersos por Europa. Derek Harris y Luis Maristany cuentan que estas conexiones, aunque no llegaran a formar un círculo íntimo como el que había tenido en España, le dieron cierto anclaje en el mundo cultural europeo. Le permitieron seguir al día de lo que se cocía en literatura y enriquecer su propia obra con nuevas influencias.

¿Qué importancia tuvo México en los años de exilio de Cernuda?

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Fotografía de Luis Cernuda en el exilio

¿Cómo fue su vida en Coyoacán y su adaptación a la cultura mexicana?

Cuando Cernuda llegó a México en 1952, después de unos años en Estados Unidos, fue como si algo dentro de él respirara aliviado. Coyoacán, ese barrio con sabor a historia en cada esquina, tenía algo que le recordaba a casa. La luz, los colores, cierto aire mediterráneo... Y por fin podía hablar español en la calle después de tantos años en tierras anglosajonas. Se instaló en una casita modesta en la calle Tres Cruces, donde pasó sus últimos once años con una rutina casi monacal: leer, escribir, pensar. Su adaptación a México quedó plasmada en "Variaciones sobre tema mexicano", unas prosas bellísimas donde explora cómo el paisaje y las costumbres mexicanas resuenan en su interior. Rivero Taravillo dice algo muy bonito: que en México Cernuda encontró un lugar donde la realidad exterior y su mundo interior podían llevarse un poco mejor, y eso era fundamental para alguien que había pasado toda su vida explorando ese conflicto. El clima cálido, esas casas coloniales con sus patios frescos, ciertos gestos de la gente... Todo eso le permitió sentirse menos extranjero que en Inglaterra o Estados Unidos.

¿Qué obras importantes escribió durante su periodo mexicano?

Los años mexicanos fueron como el broche de oro de su carrera. Escribió "Con las horas contadas" y su último poemario, "Desolación de la quimera", que muchos consideran su obra maestra. En estos poemas, Cernuda alcanza una depuración total: cada palabra está en su sitio, la emoción está contenida pero es poderosísima. También fue en México donde preparó la edición definitiva de "La Realidad y el Deseo" de 1958, que recogía toda su poesía hasta entonces. Y no solo escribió versos: la segunda parte de "Ocnos" salió en 1963, y escribió ensayos brillantes sobre literatura española e inglesa. Francisco Ayala, otro exiliado ilustre que intercambiaba cartas con él, decía que la obra mexicana de Cernuda era como una síntesis perfecta de todo lo que había aprendido: el surrealismo de sus inicios, la meditación inglesa, la tradición española... Todo fundido en una voz única. Es curioso: cuanto más lejos estaba físicamente de España, más hondo calaba en la comprensión de nuestra tradición literaria. Sus ensayos de este periodo lo demuestran.

¿Cómo se relacionó con otros exiliados españoles como Concha Méndez?

La relación de Cernuda con la comunidad exiliada en México era compleja. Por un lado, huía de los círculos más politizados y prefería mantenerse al margen de las eternas discusiones sobre quién tenía razón en tal o cual disputa del pasado. Pero con algunas personas sí conectó de verdad. Concha Méndez, por ejemplo, otra poeta del 27 que también editaba, se convirtió en una de sus pocas amigas de verdad. La casa de Concha y su hija Paloma Altolaguirre era uno de los pocos sitios donde Cernuda se sentía a gusto. A través de Concha mantuvo contacto epistolar con Manuel Altolaguirre hasta que este murió en un accidente de coche en 1959, algo que le afectó muchísimo. Rivero Taravillo cuenta que también tuvo trato con Luis Buñuel, con quien compartía cierto escepticismo hacia los aspectos más teatrales del exilio republicano. Pero quizá la relación más importante fue con Octavio Paz, el gran poeta mexicano que admiraba profundamente su obra. Paz vio en Cernuda a un alma gemela: independiente, íntegro hasta las últimas consecuencias. Y se convirtió en uno de los mejores intérpretes y defensores de la poesía cernudiana.

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Fotografía de Luis Cernuda en el exilio

Muerte de Cernuda: 5 de noviembre de 1963 

Luis Cernuda murió en el domicilio de su amiga Concha Méndez el 5 de noviembre de 1963, unos meses después de una estancia en California donde ejerció de profesor invitado. Fue enterrado al día siguiente en el Panteón Jardín, el cementerio más importante de Ciudad de México. Cernuda murió así sin lograr regresar a España dejando una obra poética inmortal que aún tardaría décadas en ver la luz en su país en un formato completo y sin censuras. Cernuda vivirá para siempre en el alma literaria española.