¿Quién el el autor del Cantar de Mio Cid? Autoría del más famoso poema épico en castellano 

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Escultura del Cid en Burgos
Redacción | Sáb, 20 Sep 2025 - 22:26
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La cuestión de la autoría del Cantar de Mío Cid ha sido uno de los grandes enigmas de la literatura española de todos los tiempos. ¿Qué juglar puso por escrito esta obra fundacional de las letras castellanas?

Existen libros que definen un antes y un después en la historia de una literatura. El Cantar de Mío Cid es eso para las letras castellanas: su primera gran epopeya, un cantar que ha hechizado a lectores durante siglos. En este cantar se narran las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, un personaje que realmente existió y cuya vida se transformó en personaje literario inmortal. Pero aquí viene lo interesante: nadie sabe quién el autor del cantar, esta obra maestra medieval. Es una incógnita que ha generado ríos de tinta entre eruditos desde que comenzaron a analizar esta joya de la épica castellana.

¿Cuál es el origen y la autoría del Cantar de Mío Cid?

El Cantar de Mío Cid es el poema épico que cuenta las vida del Cid Campeador y que ha mantenido a los estudiosos debatiendo durante siglos. Y es que solo poseemos un manuscrito, copiado en el siglo XIV, pero mucho más antiguo en su origen. El Cid, el noble castellano que conquistó Valencia y gobernó tierras de cristianos y musulmanes, es más que una figura histórica, es un personaje literario, un héroe de honor y justicia.

El poema nos cuenta momentos clave de su vida: desde cuando el rey Alfonso VI lo echa de Castilla hasta las desgracias que sufren sus hijas, doña Elvira y doña Sol. ¿Pero quién compuso originalmente esta historia? Los especialistas se han dividido en bandos con teorías muy diferentes que vale la pena analizar con calma.

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Rodrigo Díaz de Vivar en la Jura de San Gadea

La controversia sobre Per Abbat: ¿autor o copista?

Al final del manuscrito que conservamos aparece una nota curiosa: "Per Abbat le escribió en el mes de mayo, en era de mill e CC... XLV años". Esta simple línea ha desatado una de las polémicas más grandes sobre quién creó el cantar. Durante años, los estudiosos han debatido si Per Abbat fue quien inventó el poema o si simplemente copió un texto que ya existía.

Ramón Menéndez Pidal, ese gigante del estudio de la épica castellana, estaba convencido de que Per Abbat era solo un copista. Su razonamiento tenía sentido: en la Edad Media, "escribir" solía significar copiar, no crear. Y si analizas el lenguaje y el estilo del poema, todo apunta a que se compuso mucho antes de la fecha de la copia que tenemos.

Otros investigadores han sugerido algo interesante: que Per Abbat podría haber sido un clérigo del monasterio de San Pedro de Cardeña. Este lugar es clave porque allí, según cuenta la tradición, enterraron al Campeador y a su esposa. El monasterio pudo haber sido como un archivo viviente donde se guardaban documentos y relatos sobre el Cid, que con el tiempo se fundieron en el cantar que conocemos.

Teorías sobre la autoría: ¿un juglar anónimo?

La teoría que más convence a los expertos es que un juglar anónimo compuso el Cantar, probablemente alguien que conocía bien las tierras castellanas por donde transcurre la acción. Menéndez Pidal defendió esta idea con pasión: el poema nació en la tradición oral, pasando de juglar en juglar que recorrían pueblos contando las proezas del Campeador.

Este juglar tendría que haber conocido al dedillo la geografía castellana. Lugares como San Esteban de Gormaz y la zona del Duero aparecen descritos con una precisión asombrosa. Seguramente conocía la vida real de Rodrigo Díaz gracias a documentos y relatos que circulaban, y supo darle dimensión heroica al personaje sin alejarse demasiado de la verdad histórica. Esto es lo que hace especial al Cantar de Mío Cid frente a otros cantares de gesta europeos que se van más por las ramas fantásticas.

La teoría juglaresca encaja perfectamente con las características del poema: su métrica irregular, las fórmulas que se repiten (perfectas para memorizar), elementos pensados para que un juglar pudiera recitarlo ante públicos diversos mientras recorría el camino del Cid.

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Primera página del manuscrito del Cantar de Mío Cid

El papel de Ramón Menéndez Pidal en la investigación del Cantar

Si hablamos del Cantar de Mío Cid, es imposible no mencionar a Ramón Menéndez Pidal. Este filólogo dedicó prácticamente toda su carrera a desentrañar los secretos de este cantar de gesta. Sus obras "La España del Cid" (1929) y su edición crítica del "Poema de Mio Cid" (1908-1911) cambiaron para siempre cómo entendemos esta obra.

Menéndez Pidal defendía que el cantar surgió de pequeños cantos que iban rodando de boca en boca y que poco a poco se fueron desarrollando hasta formar el poema. Para él, el autor no es una persona, sino toda una tradición, purificada por los cantores que fueron puliendo la memoria del Cid.

Su trabajo fue exhaustivo: desde un análisis lingüístico hasta histórico, reconstruyendo la figura de Rodrigo Díaz de Vivar como un rompecabezas. Y así pudo separar el personaje histórico del literario. Gracias a él podemos identificar lo que se narra en el poema con hechos históricos reales, como el destierro del Cid por Alfonso VI o sus campañas en tierras musulmanas.

¿Cuándo se compuso el Cantar de Mío Cid y cuál es su fecha de composición?

Determinar cuándo exactamente se compuso el Cantar de Mío Cid ha sido como buscar una aguja en un pajar. A diferencia de otras obras medievales que tienen referencias temporales claras, el poema del Cid nos presenta un rompecabezas textual complicado. El manuscrito que tenemos, copiado por Per Abbat, es de 1207 según la interpretación más aceptada, pero esto solo nos dice cuándo se hizo esa copia, no cuándo se creó el poema original.

La fecha de composición ha provocado debates intensos entre académicos. Para averiguar cuándo se escribió el poema original, los investigadores han analizado el lenguaje, las referencias históricas, han comparado con otros textos medievales y estudiado el contexto social que refleja la obra.

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Las hijas del Cid en el encinar de Corpes, por Ignacio Pinazo

El debate sobre la datación: entre 1140 y 1207

Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre cuándo se compuso el Cantar. Menéndez Pidal, después de analizar el lenguaje y el contexto hasta el último detalle, propuso que se escribió hacia 1140, apenas cuarenta años después de que muriera el Cid en 1099. Esta fecha temprana explicaría por qué tantos detalles históricos son tan precisos.

Pero no todos están de acuerdo. Colin Smith y otros investigadores piensan que el cantar es más tardío, quizá de principios del siglo XIII, poco antes de que Per Abbat hiciera su copia en 1207. Se basan en aspectos jurídicos y sociales del poema que parecen encajar mejor con la Castilla de finales del XII o principios del XIII. Por ejemplo, las Cortes aparecen como una institución ya desarrollada, y la forma en que se trata el honor del Cid y ciertos aspectos del derecho matrimonial en el episodio de Corpes parecen demasiado modernos para la época justo después del Cid histórico.

El manuscrito conservado y su relación con la fecha original

El único manuscrito que tenemos del Cantar es un tesoro para la literatura española, aunque nos deja con más preguntas que respuestas sobre su relación con el texto original. Este códice, que ahora guarda la Biblioteca Nacional de España, lo copió Per Abbat en 1207 (aunque algunos piensan que podría ser más tardío porque parece que rasparon la fecha).

El manuscrito tiene características del castellano medieval que han permitido a los filólogos estudiar cómo evolucionó nuestra lengua. Pero está claro que la copia de Per Abbat no es la versión original del poema. Es una transcripción hecha cuando el cantar ya llevaba tiempo circulando, ya fuera de boca en boca con los juglares o a través de otras copias que se perdieron.

El códice tiene problemas evidentes: le falta la primera hoja y muestra señales de que el copista metió mano, probablemente actualizando el lenguaje a los usos de su época.

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Manuscrito de las Mocedades de Rodrigo

Contexto histórico de la composición del Cantar

Para entender el Cantar de Mío Cid hay que situarlo en su momento histórico. La obra se escribe en plena Reconquista, en un momento en que las relaciones entre reinos cristianos y musulmanes eran muy complejas. Rodrigo Díaz de Vivar (1043-1099), en la época de Alfonso VI de Castilla, en plena expansión territorial y consolidación política.

El Cid histórico cabalgó en un mundo de alianzas cambiantes, al servicio de cristianos y musulmanes. El poema abarca esta magnitud con una precisión histórica sorprendente. Si se escribió hacia 1140 (como defendía Menéndez Pidal), nos hallaríamos en una época en que el Cid ya era legendario, pero aún vivían personas que pudieron conocer detalles de su vida. Esto explicaría el realismo característico del Cantar frente a otros cantares de gesta europeos.

Ahora, si consideramos que se compuso a principios del XIII, tendríamos que verlo en el contexto del reinado de Alfonso VIII y la batalla de Las Navas de Tolosa, cuando la épica castellana estaba en su apogeo y los valores caballerescos que exalta el poema estaban más vigentes que nunca.

¿Cómo está estructurado el Cantar de Mío Cid y qué partes lo componen?

El Cantar de Mío Cid tiene una estructura en tres partes perfectamente organizadas que cuentan las aventuras de Rodrigo Díaz de Vivar en tres momentos cruciales. Esta división, que Menéndez Pidal identificó en sus estudios, no aparece marcada en el manuscrito pero tiene una lógica narrativa evidente que organiza el relato desde la desgracia inicial del héroe hasta su triunfo definitivo.

Cada uno de estos tres "cantares" tiene su propia unidad temática, aunque encajan perfectamente en la progresión general del poema. La estructura no solo ordena cronológicamente las hazañas del Cid; también muestra cómo evoluciona el héroe y cómo se desarrollan los temas centrales: honor, lealtad, justicia y reconciliación con el poder real. Esta organización muestra una sofisticación narrativa impresionante para su época, muy lejos de la simple acumulación de episodios típica de otros cantares de gesta.

El Cantar del Destierro: Rodrigo Díaz desterrado por Alfonso VI

El Cantar del Destierro abre el Poema con las primeras peripecias del héroe tras ser desterrado injustamente por Alfonso VI. La sección empieza con la emotiva salida del Cid de Vivar (aunque el manuscrito ya ha perdido su primera hoja cuando llegamos a nosotros). El Campeador tiene solo nueve días para salir de Castilla, y debe dejar a su esposa e hijas en el monasterio de San Pedro de Cardeña.

La narración nos muestra cómo Rodrigo Díaz, con apenas un puñado de fieles seguidores, se lanza a conquistar territorios fronterizos y musulmanes para sobrevivir al destierro. El Cid demuestra ser un estratega brillante: conquista Castejón, Alcocer, obtiene botines que le permiten mantener a sus hombres y, lo que es más importante, envía regalos al rey Alfonso como prueba de que sigue siendo leal pese a la injusticia.

Este primer cantar culmina con la conquista de Valencia, una hazaña extraordinaria que transforma al desterrado en señor de una ciudad importante. Ver al Cid pasar de noble castellano deshonrado a poderoso señor independiente ejemplifica perfectamente el ascenso social por mérito propio, uno de los temas centrales del poema.

El Cantar de las Bodas de las Hijas del Cid y el Cantar de la Afrenta de Corpes

La historia de las bodas de las hijas del Cid es puro drama medieval en su máxima expresión. Los Infantes de Carrión, Diego y Fernando González, movidos por la codicia más pura, piden al rey Alfonso VI la mano de doña Elvira y doña Sol.

El Cid no se fía de estos infantes, pero acepta el matrimonio por lealtad al rey. Las bodas en Valencia son espectaculares, y durante dos años todo parece ir bien. Hasta que ocurre el episodio del león: el animal se escapa mientras el Cid duerme la siesta, y los infantes, muertos de miedo, uno se esconde bajo un banco y el otro salta detrás de una viga. La corte entera se ríe de ellos.

Humillados hasta la médula, los infantes traman su venganza. Piden permiso para llevar a sus esposas a Carrión. En el robledal de Corpes ejecutan su plan vil: desnudan a las damas, las azotan salvajemente con cinchas y espuelas, y las abandonan medio muertas para que se las coman las fieras.

Félez Muñoz, sobrino del Cid, las encuentra y las pone a salvo. Cuando el Cid se entera no se toma la justicia por su mano. Acude al rey y pide que se celebren Cortes en Toledo para obtener justicia legal.

En las Cortes, el Cid juega sus cartas magistralmente. Primero exige que le devuelvan sus espadas, Colada y Tizón. Luego reclama la dote. Y finalmente plantea la cuestión del honor, retando a los infantes. Como él es parte interesada, tres de sus hombres (Pero Bermúdez, Martín Antolínez y Muño Gustioz) se baten en duelo judicial contra los infantes y su tío.

Los campeones del Cid ganan todos los combates. Los infantes quedan marcados como traidores. Y aquí viene el final feliz: los infantes de Navarra y Aragón piden la mano de las hijas del Cid. De ser hijas de un desterrado pasan a ser futuras reinas.

Este capítulo es la cumbre del poema. El Cid, que partió desterrado, regresa y encuentra a sus hijas coronadas reinas. La justicia poética prevalece, los malos son castigados, el honor es restaurado, la virtud es recompensada. La lucha entre la nobleza de sangre (los infantes cobardes) y la nobleza de espíritu (el Cid y los suyos).

El relato mezcla drama, leyes y heroísmo en uno de los episodios más recordados de nuestra literatura medieval. Un ejemplo de cómo la justicia y el honor se restauran a través de la ley, no de la venganza.