¿Quién fue la primera mujer en ocupar un sillón en la RAE? Una minoría en tres siglos de Historia

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Fachada de la RAE en Madrid
Redacción | Lun, 18 Ago 2025 - 20:13
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En los 300 años de historia de la Real Academia Española solo un grupo muy pequeño de mujeres han accedido al título de miembro oficial. ¿Quién fue la primera mujer que consiguió acceder a la RAE?

Desde que la Real Academia Española abrió sus puertas en 1713, ha sido básicamente un club de hombres. Durante más de 250 años, ni una sola mujer pudo sentarse en esos sillones tan codiciados. Y no porque España no tuviera escritoras brillantes, sino porque la sociedad de la época no podía concebir que una mujer tuviera acceso a un cargo de semejante prestigio e influencia. Esta es la historia de cómo once mujeres valientes rompieron ese muro invisible que las separaba de la institución que cuida nuestra lengua. La presencia femenina en la RAE sigue siendo a pesar de todo más anecdótica que significativa, demostrando que la discriminación literaria sigue muy vigente en nuestros días. 

¿Quién fue la primera mujer en ocupar un sillón en la Real Academia Española?

Si te estás preguntando quién fue la pionera, la respuesta tiene nombre y apellido: Carmen Conde. Pero detrás de este nombre se esconde una historia de portazos, excusas y "no es el momento" que duró más de 265 años. Piénsalo: generaciones enteras de españoles nacieron y murieron sin ver nunca a una mujer en la RAE. Y no porque faltaran candidatas brillantes que lo merecieran de sobra.

La murciana Carmen Conde hizo historia en 1978

Carmen Conde Abellán fue la mujer que por fin rompió el techo de cristal en 1978, cuando fue elegida para el sillón "K". Esta poeta nacida en Cartagena en 1907 ya tenía un currículum que muchos escritores varones envidiarían: Premio Nacional de Literatura en 1967 por su "Obra poética", una carrera como escritora, profesora y divulgadora cultural que la convertía en la candidata perfecta. 

El 28 de enero de 1979, Carmen pronunció su discurso de ingreso: "Poesía ante el tiempo y la inmortalidad". Guillermo Díaz-Plaja le dio la respuesta, y así, después de casi tres siglos, una mujer pudo por fin decir que era académica de número. Un momento histórico que llegó terriblemente tarde, pero que al menos llegó.

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Camen Conde, primera mujer académica

El largo camino hasta el primer nombramiento femenino

¿Por qué tardó tanto? La RAE nació en 1713 cuando Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena, tuvo la idea de crear esta institución siguiendo los modelos que venían de Francia. Desde el principio, funcionó como un círculo cerrado: para entrar, tres académicos tenían que proponerte y la mayoría votar a tu favor. Por supuesto, todos eran hombres, todos se conocían entre ellos, y ninguno parecía pensar que las mujeres pudieran aportar algo valioso. Las escasas ideas de la Ilustración que hablaban de la igualdad entre hombres y mujeres apenas tuvieron eco en España, y desde luego jamás permearon hasta la Real Academia. 

El sistema era (y sigue siendo) así: necesitas que tres académicos te propongan y que la mayoría vote por ti. Imagínate lo difícil que era para una mujer conseguir esos tres padrinos cuando todos los académicos eran hombres que ni siquiera consideraban a sus colegas femeninas como iguales. Era como intentar entrar en un club privado donde el único requisito no escrito era no ser mujer.

La negativa a Emilia Pardo Bazán y Gertrudis Gómez de Avellaneda

Por supuesto, esta historia de tres siglos sin que las mujeres pudieran acceder a la Real Academia está plagada de injusticias flagrantes. Emilia Pardo Bazán, una de las mejores escritoras que ha dado España, lo intentó tres veces: en 1889, 1890 y 1912. Y tres veces le dijeron que no. ¿Los argumentos? Que nunca había habido una mujer en la RAE y que no era el momento de cambiar las cosas. Juan Valera y Menéndez Pelayo, que reconocían que era brillante como escritora, votaron en contra simplemente porque era mujer. La propia Pardo Bazán no se cortó un pelo y dijo las cosas claras: la rechazaban "por ser mujer", sin que ninguno de sus detractores tuviera argumento alguno de peso para bloquear su entrada. 

El caso de Emilia Pardo Bazán no fue el primero. Décadas antes, en 1853, Gertrudis Gómez de Avellaneda, una poeta y dramaturga extraordinaria del Romanticismo, también se estrelló contra el mismo muro. Tenía el apoyo de Nicasio Gallego, pero no sirvió de nada. La mayoría de académicos ni siquiera se molestó en disimular: no querían a una mujer entre ellos.

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Emilia Pardo Bazán

¿Cuántas mujeres académicas ha tenido la RAE en sus 300 años de historia?

En tres siglos, solo once mujeres han sido académicas de la RAE. De cientos y cientos de sillones ocupados desde 1713, un total de once. Y recuerda, la primera entró en 1978, así que durante 265 años fue un espacio exclusivamente masculino. Es como si durante más de dos siglos y medio, la mitad de la población no existiera para la institución que cuida nuestra lengua.

Las 11 mujeres que han formado parte de la institución

Después de Carmen Conde vinieron otras diez escritoras. Elena Quiroga fue la segunda en 1983, y luego Ana María Matute, ya en 1998. Ya en el siglo XXI, el goteo continuó: Carmen Iglesias llegó en 2002, Margarita Salas en 2003, Soledad Puértolas en 2010, Inés Fernández-Ordóñez en 2011, Carme Riera en 2013, Aurora Egido en 2014, Clara Janés en 2016 y Paz Battaner en 2017.

Cada una de estas mujeres tuvo que demostrar méritos extraordinarios para conseguir lo que muchos hombres lograron con mucho menos. Es muy significativo que la mayoría entraron en las últimas dos décadas. Es como si la RAE hubiera despertado de un sueño muy largo y se hubiera dado cuenta de que el mundo había cambiado mientras dormía.

Representación femenina actual en los sillones de la RAE

Sin embargo, pese a estos cambios, la situación dista mucho de haber alcanzado la igualdad. Hoy día, de los 44 sillones de la RAE, solo 8 están ocupados por mujeres. Eso es un 18% del total. Una cifra que revela que seguimos muy lejos de reflejar la realidad de quiénes escriben, leen y cuidan la lengua española en nuestro país.

De las once que entraron, Carmen Conde, Elena Quiroga y Margarita Salas ya fallecieron. En algunos casos las sustituyeron otras mujeres, lo cual está bien, pero el avance sigue siendo muy lento. Los sillones actuales los ocupan escritoras como Soledad Puértolas, Carme Riera y Clara Janés; investigadoras como Inés Fernández-Ordóñez; e historiadoras como Carmen Iglesias y Aurora Egido. Al menos hay variedad de perfiles. 

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Inauguración del edificio de la RAE

¿Qué escritoras destacadas han sido académicas de la RAE?

Entre las once mujeres que consiguieron entrar, hay nombres que cualquier amante de la literatura reconoce al instante. Son escritoras que han marcado época, que han creado obras que seguimos leyendo y que nos siguen emocionando. Su trabajo demuestra lo absurdo que fue mantenerlas fuera durante tanto tiempo.

Ana María Matute y su contribución a la lengua española

Ana María Matute tomó posesión en 1998 del mismo sillón "K" que había ocupado Carmen Conde. Para muchos, es una de las voces más potentes y originales de nuestra literatura del siglo XX. Sus historias sobre la infancia perdida, sobre los niños que crecieron demasiado rápido por culpa de la guerra, te tocan el alma.

Ganó el Premio Cervantes en 2010 y el Nacional de Literatura en 1959 por "Los hijos muertos". En su discurso de ingreso, "En el bosque", habló de los cuentos y la fantasía como formas de entender el mundo real. Y tenía razón: a veces necesitas la magia de las palabras para explicar lo inexplicable.

Lo que Matute aportó a la RAE fue su manera única de usar el español. Tenía un don especial para encontrar las palabras exactas cuando hablaba de la naturaleza, de los sentimientos, del mundo de los niños. Durante sus años como académica, defendió que el idioma tenía que evolucionar, que necesitábamos palabras nuevas para realidades nuevas. Una mujer adelantada a su tiempo.

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Ana María Matute

Soledad Puértolas y Clara Janés: perfiles literarios

Soledad Puértolas entró en 2010 al sillón "g" con un bagaje impresionante: Premio Planeta en 1989 por "Queda la noche" y Premio Nacional de Letras en 2019. Es de esas escritoras que saben meterse en la cabeza de sus personajes y mostrarte lo que piensan cuando nadie los ve. Su discurso de ingreso, "El camino de la literatura", fue una reflexión preciosa sobre cómo la vida se convierte en ficción.

Como académica, Puértolas ha peleado por modernizar el diccionario, por incluir palabras que usamos todos los días pero que la RAE miraba con desconfianza. 

Clara Janés llegó en 2016 al sillón "U" con un perfil único: poeta, traductora, conocedora de lenguas orientales. Ganó el Premio Nacional de Traducción en 1997 y ha dedicado su vida a tender puentes entre culturas. Su discurso de recepción, "La palabra y el secreto", fue casi místico, al hablar del lenguaje como una cosa sagrada.

Lo que Janés aporta es una visión global del español. No es solo nuestro idioma encerrado en sí mismo, sino una lengua que dialoga con otras, que toma prestado, que se enriquece con el contacto. Una perspectiva que hace mucha falta en una institución que a veces peca de mirarse demasiado el ombligo.

Carme Riera y su aportación como escritora bilingüe

Carme Riera, que entró en 2013 al sillón "n", es un caso fascinante. Nacida en Mallorca, escribe tanto en catalán como en castellano, y eso le da una perspectiva única sobre cómo funcionan las lenguas. Ganó el Nacional de Literatura en 1995 por "En el último azul", la traducción de su propia obra "Dins el darrer blau".

En su discurso de ingreso, "De la literatura como una forma de amistad", habló de cómo los libros crean vínculos entre quien escribe y quien lee. Y es verdad: cuando lees a alguien que te toca, es como si hubierais sido amigos toda la vida.

Lo que Riera aporta a la RAE es fundamental: la experiencia de vivir entre dos lenguas. Conoce de primera mano cómo las palabras transitan entre lenguas, cómo se transforman, cómo se enriquecen. En un país con diversas lenguas cooficiales, contar con alguien que conozca esa realidad desde dentro es esencial.. Ha defendido que la diversidad lingüística no es un problema, sino una riqueza. 

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Sesión de la RAE