El racismo en H.P. Lovecraft: el maestro del terror y el componente racista en el horror cósmico de su obra

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El racismo en la obra de Lovecraft
Redacción | Dom, 7 Dic 2025 - 11:19
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H.P. Lovecraft ha sido siempre acusado de ser un declarado racista, una realidad que se plasma tanto en su vida como en muchas de sus obras como Los mitos de Cthulhu. ¿Hasta qué punto es cierto este racismo en la obra de Lovecraft?

Personajes como Cthulhu y Nyarlathotep siguen apareciendo en películas, videojuegos y camisetas de bandas de metal casi un siglo después de que Howard Phillips Lovecraft los imaginara en su casa de Providence. El autor era un genio, eso nadie lo discute. Transformó la literatura de terror y dejó un legado imborrable. Pero ese universo de dioses alienígenas y ciudades sumergidas viene empaquetado con un racismo tan visceral que resulta imposible pasarlo por alto o descartarlo como simple "producto de su época". Lo que sigue intenta desgranar esa contradicción: cómo un escritor brillante pudo ser, al mismo tiempo, un supremacista convencido, y qué hacemos hoy con ese legado envenenado.

¿Qué evidencias de racismo existen en la obra de H.P. Lovecraft?

¿Cuáles son los elementos racistas más explícitos en sus cuentos?

Quien lea a Lovecraft con atención tropezará enseguida con sus prejuicios y sus ideas supremacistas. No hace falta buscar mucho. En "La llamada de Cthulhu", probablemente su historia más conocida, los adoradores del dios durmiente aparecen descritos como "mestizos degenerados" y "mulatos diabólicos". La asociación resulta transparente: las razas no blancas encarnan la depravación moral.

"El horror de Red Hook" lleva esta fijación al extremo. Lovecraft vuelca en esas páginas su repulsión hacia los inmigrantes neoyorquinos con un vocabulario que hoy resulta incómodo para la mayoría de sus lectores. No se trata de matices interpretativos; el desprecio es literal. Otro caso tristemente famoso: el nombre del gato negro en "Los gatos de Ulthar". Howard eligió un insulto racial contra los afroamericanos y decidió conservarlo. ¿Provocación? ¿Indiferencia? Probablemente ambas cosas.

El racismo en estos cuentos no funciona como elemento decorativo o secundario. Constituye la columna vertebral de su concepción del horror. Para Lovecraft, la "degeneración racial" representaba una de las amenazas supremas contra la civilización, y esa obsesión atraviesa su obra de principio a fin.

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El racismo en la obra de Lovecraft

¿Cómo se refleja la xenofobia en su horror cósmico?

Sería ingenuo pensar que el horror cósmico lovecraftiano es ideológicamente neutro. Lo impregna la xenofobia del autor de Providence hasta los cimientos. Lovecraft diseñó un cosmos donde el terror máximo brota de la "contaminación" del linaje humano por entidades extraterrestres. La metáfora apenas disimula su obsesión con la pureza racial.

"La sombra sobre Innsmouth" lo deja claro como pocas obras. Allí los habitantes se han cruzado con seres marinos durante generaciones, y el resultado son criaturas de ojos saltones, cuellos escamosos y andares torpes. Lovecraft describía estos híbridos con un asco palpable. ¿Qué representan? El mestizaje, ni más ni menos. El contacto con "el otro" como fuente de corrupción biológica. Toda su cosmogonía descansa sobre esa premisa.

Cthulhu, Nyarlathotep, Azathoth y el resto de entidades primigenias funcionan, si uno rasca un poco, como encarnaciones de las culturas que Lovecraft despreciaba. "Las montañas de la locura" descubre civilizaciones alienígenas que depredan a la humanidad. Bajo la superficie de ese descubrimiento científico late una ansiedad concreta: el temor a que culturas "primitivas" desplacen a la raza que Lovecraft consideraba superior.

¿De qué manera el racismo afecta la interpretación moderna de sus obras?

¿Qué hace un lector del siglo XXI con todo esto? La pregunta no tiene respuesta fácil. Los prejuicios raciales no son un añadido que pueda quitarse; están incrustados en la estructura misma de los relatos. Y eso complica cualquier acercamiento.

Hay quien propone lecturas "a contrapelo", rescatando lo valioso mientras se señalan los prejuicios. Houellebecq escribió un ensayo entero sobre Lovecraft donde defiende algo provocador: que su racismo no era un lastre sino el motor de su imaginación. Lejos de ser un defecto menor, constituiría el combustible de su imaginación terrorífica.

Las adaptaciones recientes, como la película "Color Out of Space" (2019), intentan rescatar los elementos valiosos de su mitología eliminando o subvirtiendo los componentes racistas. Funciona en algunos casos. En otros, la operación parece quirúrgica: extraer el tumor sin matar al paciente. El debate sigue abierto sobre si puede separarse la forma del contenido cuando el miedo al "otro" racial constituye la base misma de esa estética del terror.

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Manifestación del Ku Klux Klan en los años veinte

¿Cómo influyó el contexto histórico en las actitudes raciales del escritor estadounidense?

¿Qué aspectos de Providence y su época moldearon sus prejuicios?

Los prejuicios de Howard Phillips Lovecraft no surgieron de la nada. La Nueva Inglaterra de finales del siglo XIX e inicios del XX los cultivó con esmero. Providence, aunque menos segregada que las ciudades sureñas, mantenía una estratificación social rígida. Las élites blancas de origen anglosajón —como la familia de Lovecraft, venida económicamente a menos— se autoproclamaban guardianes de una pureza cultural amenazada por oleadas de inmigrantes.

La ruina económica de su familia truncó sus estudios. Howard se quedó sin dinero y sin título universitario, y eso debió de dolerle profundamente. Muy probablemente canalizó parte de ese resentimiento hacia los inmigrantes, a quienes acusaba de quitarle oportunidades a los "verdaderos americanos". Entre 1924 y 1926 vivió en Nueva York, y la experiencia lo marcó. Odiaba la ciudad. En sus cartas de entonces describe los barrios multiculturales con un vocabulario que da náuseas. De ahí salió "El horror de Red Hook".

Pasó la mayor parte de su vida adulta encerrado en sí mismo, rodeado de gente que pensaba igual o que al menos no lo contradecía. Nadie lo contradecía con fuerza suficiente.

¿Cómo se compara el racismo de Lovecraft con el de otros escritores de su tiempo?

Cuando alguien dice "era racista porque todos lo eran entonces", conviene matizar. Sí, los años veinte y treinta del siglo pasado toleraban actitudes que hoy nos parecen monstruosas. Pero Lovecraft destacaba incluso en ese contexto frente a otros autores. Por ejemplo, Robert E. Howard, creador de Conan, también mostraba prejuicios en sus relatos pulp. Rara vez, con todo, alcanzaban la virulencia ideológica que rezuman las cartas y cuentos del autor de Providence.

La correspondencia de Lovecraft contiene pasajes donde expresa admiración abierta por el Ku Klux Klan. Apoyaba políticas de segregación que incomodaban a conservadores de su propio círculo. Edgar Rice Burroughs, el creador de Tarzán, tenía prejuicios típicos de su entorno, pero sin elaborar. Lovecraft, en cambio, construyó toda una ideología: el supremacismo blanco como condición necesaria para la civilización.

Resulta significativo que algunos de sus corresponsales literarios —August Derleth, Clark Ashton Smith— expresaran incomodidad ante sus posturas más extremas. Hacia el final de su vida, ciertos biógrafos detectan un ligero suavizamiento. La muerte en 1937 llegó antes de que pudiera producirse una evolución real.

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El racismo en la obra de Lovecraft

¿Qué eventos históricos reforzaron sus ideas racistas?

Varios acontecimientos históricos funcionaron como confirmaciones, a ojos de Lovecraft, de su visión jerárquica de las razas. La Gran Guerra y el caos que vino después coincidieron con sus años de madurez creativa. Aquel clima de nacionalismo exaltado encajaba bien con lo que ya pensaba.

Durante los años 1910-1920, cientos de miles de afroamericanos migraron del sur rural hacia las ciudades industriales del norte. Esto tensó las relaciones raciales en lugares como Nueva York, donde Lovecraft viviría brevemente. Él lo percibía como invasión, como contaminación de espacios que consideraba propios. La Johnson-Reed Act de 1924, que estableció cuotas restrictivas a la inmigración del sur y este de Europa, encontró en él un ferviente defensor. En sus cartas aplaudía esas restricciones contra pueblos que consideraba biológicamente inferiores.

La eugenesia gozaba entonces de respetabilidad académica, y Lovecraft se agarró a eso para vestir sus prejuicios de ciencia. Hablaba de razas y jerarquías con la convicción de quien cita datos objetivos. Cuando llegó la Gran Depresión y su situación económica empeoró todavía más, intensificó la búsqueda de culpables. Las minorías étnicas le servían de chivo expiatorio, un patrón constante en sus cartas de los años treinta.

¿Es posible separar a Lovecraft racista del creador del mito de Cthulhu?

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Escultura de Lovecraft en Providence

¿Cómo evaluar su legado literario a la luz de sus prejuicios raciales?

Aquí está el nudo del asunto, lo que la crítica actual no puede esquivar. Los Mitos de Cthulhu han crecido hasta convertirse en un fenómeno cultural que desborda a su creador. Están en todas partes: películas, videojuegos, cómics, discos de black metal. Y sin embargo, esos mitos arrastran consigo una cosmovisión racista que no se desprende fácilmente.

El horror cósmico de Lovecraft insiste en la insignificancia del ser humano frente a fuerzas que no podemos comprender ni combatir. Pero —y esto es lo contradictorio— ese "ser humano" es siempre un hombre blanco anglosajón. El resto de la humanidad apenas merece empatía. China Miéville lo ha señalado con lucidez: la fuerza del horror lovecraftiano nace precisamente del choque entre su universalismo cósmico y su particularismo racial.

En 2015 dejó de usarse el busto de Lovecraft como trofeo del World Fantasy Award. Escritores afroamericanos como Nnedi Okofor habían protestado, y la organización les dio la razón. Un reconocimiento institucional del problema. Es importante señalar que esta reconsideración no busca "cancelar" a Lovecraft, sino contextualizarlo. Reconocer su influencia en la literatura de terror y, simultáneamente, las raíces problemáticas de su visión.

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El racismo en la obra de Lovecraft

¿Por qué muchos fans defienden su obra pese a conocer su racismo?

El apego a las obras de Lovecraft resiste, y conviene preguntarse por qué. Parte de la explicación es sencilla: sus relatos atrapan, crean atmósferas irrepetibles, inauguraron un modo de hacer terror que no existía antes. Muchos lectores separan al autor del texto y disfrutan de Cthulhu sin suscribir el supremacismo de quien lo inventó.

Hay también quienes recurren al argumento historicista: todos eran racistas entonces, no tiene sentido juzgarlo con criterios actuales. Pero ya hemos visto que incluso para su época Lovecraft resultaba extremo. Y luego está la identificación con el personaje: el escritor aislado, incomprendido, ajeno al mundo. Muchos fans se reconocen en esa imagen y les cuesta aceptar sus sombras.

Houellebecq va más lejos y sostiene que el miedo racial de Lovecraft fue precisamente lo que alimentó su creatividad. Sin esa fobia al "otro", quizá no tendríamos "La sombra sobre Innsmouth". Es un argumento incómodo, pero tiene peso. Estas defensas, comprensibles desde el apego emocional a obras formativas, suelen eludir una confrontación directa: la estructura misma del horror lovecraftiano está atravesada por ansiedades raciales que no pueden extirparse sin transformar la naturaleza de esas narrativas.

¿Se puede apreciar su aporte al género del horror ignorando su ideología?

Ignorar la ideología de Lovecraft mientras se celebra su aporte literario: ¿es posible? La respuesta corta es que probablemente no, o al menos no del todo. Lo que hizo Lovecraft fue desplazar el terror desde lo sobrenatural clásico —fantasmas, vampiros, demonios— hacia algo más abstracto y desolador: un universo vacío de sentido donde los humanos no importamos nada.

Stephen King, Guillermo del Toro y decenas de creadores contemporáneos le deben algo a esa concepción. Videojuegos, películas, series televisivas: el legado estético resulta innegable.

Pretender una lectura "purificada" de Lovecraft, no obstante, resulta problemático. Sus tropos narrativos —la degeneración, la contaminación, el atavismo— funcionan simultáneamente como innovaciones literarias y como vehículos de prejuicio. No constituyen elementos separables. Desde la selección de adjetivos hasta el modo en que construye el ambiente ominoso de sus relatos, todo está teñido de esa ansiedad racial. Leer a Lovecraft exige, entonces, una doble operación: apreciar su aporte al género mientras se mantiene una distancia crítica respecto a la ideología que lo alimentó. No es cómodo. Y quizá no deba serlo.

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Dibujo de Cthulhu de la mano de Lovecraft