Estamos en 1614. Un tal licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas, publica una continuación no autorizada de la obra maestra de Miguel de Cervantes. Esta obra apócrifa no solo es un caso tremendo de apropiación literaria, pero una apropiación que terminó siendo fundamental para darle forma a la verdadera segunda parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Este fenómeno literario compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda puso patas arriba el mundo editorial del Siglo de Oro español y todavía hoy genera acalorados debates entre académicos y estudiosos de la literatura española.
¿Quién fue Alonso Fernández de Avellaneda y por qué escribió un Don Quijote de la Mancha apócrifo?
El misterio detrás de la identidad de Avellaneda
La identidad de Avellaneda es como un rompecabezas al que le faltan piezas. Todo el mundo sabe que el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, el nombre que aparece en la portada del segundo tomo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote, es un pseudónimo. ¿Pero quién se escondía detrás? Algún personaje importante de la época, eso seguro. Este misterio ha traído de cabeza a los investigadores durante siglos, y la bibliografía sobre el tema es amplia y fecunda.
Los estudiosos han rastreado el texto en busca de indicios de la identidad de este autor misterioso. Han estudiado el estilo, han estudiado las referencias geográficas (¿por qué menciona tanto a Aragón?), han diseccionado cada giro lingüístico del manuscrito del Quijote de Avellaneda. Lo que está claro como el agua es que quien fuera tenía buena formación literaria - no cualquiera se atreve a continuar una obra que ya era un éxito en la España del Siglo de Oro. Y algo más: parece que tenía asuntos pendientes con Cervantes, lo cual añade más leña al fuego del misterio.
Motivaciones para crear un segundo tomo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha
Las razones detrás del Quijote apócrifo parecen mezclar lo personal con lo puramente económico. En el prólogo de su obra, el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda no se anda con rodeos: dice abiertamente que quiere quitarle a Cervantes los beneficios económicos de una posible continuación. Y no solo eso, también menciona supuestas ofensas recibidas, lo que deja entrever que había algo personal entre ellos.
¿Y de dónde venía tanto rencor? Pues probablemente de las pullas que Cervantes había lanzado en la primera parte del Quijote contra algunos autores de su época, especialmente contra Lope de Vega y su círculo. La jugada maestra fue publicar el libro de Avellaneda en 1614, justo cuando Cervantes había anunciado que estaba trabajando en la segunda parte. Una maniobra calculada para adelantarse y sacar tajada del éxito. El libro conocido como el Quijote de Avellaneda se colocaba así en las librerías aprovechándose del tirón de Don Quijote y Sancho, que ya tenían a los lectores enganchados desde que salió la primera parte en 1605.
Teorías sobre quién se esconde tras el pseudónimo
Las teorías sobre quién era realmente el autor del Quijote apócrifo son para todos los gustos. Una de las más sólidas, que defiende Alfonso Martín Jiménez entre otros estudiosos, apunta al aragonés Jerónimo de Pasamonte. ¿Por qué él? Pues resulta que Cervantes habría retratado a Pasamonte de forma poco favorable en la primera parte del Quijote, nada menos que como Ginés de Pasamonte, aquel galeote pícaro.
Otros señalan a Cristóbal Suárez de Figueroa, que tenía fama de pendenciero y no le hacía ascos a una buena bronca literaria. Y por supuesto, no podía faltar la teoría de Lope de Vega: el Fénix de los Ingenios y Cervantes se llevaban muy mal, y algunos pasajes del Quijote apócrifo parecen defender las ideas teatrales de Lope. Esta es, sin embargo, una hipótesis poco sólida, ya que el nivel literario de este Quijote está muy por debajo de lo que Lope era capaz de hacer con sus escritos.
También hay quien dice, basándose en el análisis del estilo, que podría ser alguien relacionado con la Iglesia, porque el texto de Avellaneda tiene un cierto aire moralizante que parece salido de la pluma de un eclesiástico.
Pero después de tanto investigar, la identidad de quien escribió el segundo tomo del Ingenioso Hidalgo bajo el nombre del licenciado Alonso Fernández de Avellaneda sigue siendo uno de esos misterios que quizás nunca resolveremos.
¿Cuáles son las principales diferencias entre el Quijote de Cervantes y el Quijote de Avellaneda?
Comparación de estilos literarios y enfoque narrativo
Cuando pones el Quijote de Avellaneda al lado del de Cervantes, las diferencias saltan a la vista. El estilo de Miguel de Cervantes fluye con una ironía sutil que te va calando poco a poco, mientras que el texto del licenciado Alonso Fernández de Avellaneda es más directo, como un martillazo. Le falta esa chispa, esa capacidad de jugar con múltiples niveles de significado que hace que el Quijote original sea una obra maestra.
En cuanto al enfoque narrativo, Cervantes construye un universo donde la ficción se mira al espejo y se cuestiona a sí misma. Avellaneda, en cambio, va más a lo seguro y sigue un estilo más convencional: cuenta las aventuras de los protagonistas y punto. La diferencia ideológica también es notable: el manuscrito del Quijote de Avellaneda rezuma una mentalidad conservadora y moralista que te deja claro lo que está bien y lo que está mal. Cervantes, más sutil, te presenta un mundo lleno de grises donde nada es blanco o negro.
Otra diferencia es cómo tratan la locura del protagonista: para Cervantes es una excusa perfecta para filosofar sobre la vida, la realidad y los libros. Para el autor del libro conocido como el Quijote apócrifo, la locura de Don Quijote es simplemente una oportunidad para hacernos reír y darnos lecciones morales.
Tratamiento de los personajes de Don Quijote y Sancho
Aquí es donde más se acusan las diferencias. El Don Quijote de Cervantes es un personaje que evoluciona, que tiene sus momentos de lucidez, que te conmueve y te hace pensar. El de Avellaneda es un loco de atar que hace siempre lo mismo, sin evolución. No hay matices, no hay profundidad psicológica. Es como si hubieran cogido al personaje y le hubieran quitado el alma.
Pero las mayores diferencias las encontramos en Sancho Panza. En manos de Cervantes es ese escudero sabio a su manera, con sus refranes y su sentido común mezclado con ingenuidad. En el Quijote de Avellaneda lo reducen a un glotón que solo piensa en llenar la panza, un simple secundario humorístico. Se carga toda la gracia del personaje, toda esa evolución que lo hace tan entrañable en el original.
Está claro que el autor del Quijote apócrifo no pilló la esencia de lo que Miguel de Cervantes había creado. La relación entre amo y escudero, que en Cervantes es compleja y llena de matices, en Avellaneda se queda en una simple jerarquía: el loco manda y el glotón obedece. Y cuando aparecen personajes nuevos como Don Álvaro Tarfe (que luego Cervantes usaría en su segunda parte para burlarse del plagiador), se nota que les falta esa chispa que hace que los personajes cervantinos cobren vida.
Diferencias en la quinta parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha
La quinta parte de sus aventuras, tal como la estructura el libro de Avellaneda, toma un rumbo completamente distinto al que Cervantes tenía en mente. Mientras que la segunda parte del Quijote cervantino lleva a nuestros héroes a Barcelona, Avellaneda los manda a Zaragoza, que era justo el destino que Cervantes había anunciado en su primera parte. Una jugada para apropiarse del plan narrativo original a la que Cervantes, cuando años después publicó su segunda parte, respondió haciendo pasar a sus personajes de largo ante Zaragoza.
En esta sección del Quijote apócrifo, las aventuras se vuelven episódicas, como cuentos sueltos sin mucha conexión entre sí. El manuscrito del Quijote de Avellaneda presenta la tercera salida de los protagonistas como puro entretenimiento, sin esa profundidad filosófica que caracteriza la parte de Don Quijote escrita por Cervantes. El humor se vuelve burdo, con chistes escatológicos que Cervantes jamás habría incluido.
Y aquí vuelven a aparecer las diferencias ideológicas: mientras Cervantes nos presenta dilemas morales complejos donde no hay respuestas fáciles, el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda nos pinta un mundo en blanco y negro, con valores tradicionales del Siglo de Oro español que no admiten discusión. Es como si uno te invitara a pensar y el otro te dijera exactamente qué pensar.
¿Cómo influyó el Quijote apócrifo en la escritura de la segunda parte del Quijote de Cervantes?
La reacción de Miguel de Cervantes ante la publicación del Quijote apócrifo
Cuando salió el tomo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote firmado por Alonso Fernández de Avellaneda, Miguel de Cervantes estaba en plena faena escribiendo su segunda parte. Su enfado tuvo que ser épico. Pero en lugar de hundirse, Cervantes hizo algo genial: convirtió su indignación en combustible creativo. En el prólogo de su segunda parte, publicada en 1615, no se anduvo con rodeos: llamó al texto apócrifo lo que era, una usurpación en toda regla.
Pero la reacción de Cervantes fue mucho más allá de quejarse. Transformó toda la estructura de su obra para responder al desafío. Se vio obligado a darse prisa para terminar su continuación antes de que el Quijote de Avellaneda le comiera más terreno. Y esa urgencia, en lugar de perjudicar la calidad, parece que espoleó su genio.
Para Cervantes, el hallazgo del Quijote de Avellaneda supuso algo más que una ofensa. Era como si alguien hubiera raptado a sus hijos literarios. Y su respuesta fue genial: utilizó el libro apócrifo como parte de la trama.
Referencias al Quijote apócrifo en la obra cervantina
La segunda parte del Quijote de Cervantes está llena de dardos contra el texto apócrifo. Los personajes saben que existe el libro de Avellaneda y lo comentan, estableciendo claramente quién es el "verdadero" Don Quijote. Los personajes de ficción discutiendo sobre qué versión de ellos mismos es la auténtica.
El colmo del ingenio llega cuando Cervantes mete en su obra a Don Álvaro Tarfe, un personaje creado por Avellaneda, y lo obliga a reconocer que el auténtico Don Quijote es el suyo. Esta jugada, revolucionaria para la época, permitió a Cervantes reclamar su autoridad mientras creaba algo totalmente nuevo en la literatura.
Las referencias al autor que se esconde bajo el nombre de licenciado Alonso Fernández de Avellaneda a veces son mordaces, cuestionando tanto su talento como sus intenciones. Este diálogo entre textos contribuyó a hacer la obra cervantina aún más moderna, anticipándose siglos a lo que haría la novela contemporánea.
Cambios en la trama que respondieron al texto de Avellaneda
La publicación del segundo tomo apócrifo del Ingenioso Hidalgo por Avellaneda le obligó a modificar sobre la marcha el proyecto. El cambio más evidente fue desviar a Don Quijote de Zaragoza y llevarlo a Barcelona, pero los cambios fueron más profundos. Cervantes intensificó la evolución psicológica de sus personajes, como queriendo demostrar que solo él conocía realmente a Don Quijote y Sancho. La quinta parte de sus aventuras según Cervantes adquirió una complejidad que dejaba en evidencia lo superficial del texto de Tarragona.
Al hacer morir a Don Quijote al final de su obra y certificar su muerte, Cervantes cerraba la puerta a cualquier otro que quisiera aprovecharse de sus personajes. Era su forma de decir: "Se acabó. Don Quijote es mío y muere conmigo". Estos cambios no solo fueron una respuesta al competidor, sino que hicieron la obra aún más compleja y moderna, consolidando su lugar en la cumbre de la literatura del Siglo de Oro español.