Harold Bloom

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Harold Bloom
Redacción | Lun, 7 Abr 2025 - 14:33
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Harold Bloom es uno de los críticos literarios más influyentes del siglo XX hasta el punto de considerársele como uno de los creadores del llamado canon de la literatura universal

Biografía

Harold Bloom fue uno de esos críticos literarios que no dejaban indiferente a nadie —lo amabas o lo odiabas, pero era imposible ignorarlo—. Nació en Nueva York en 1930, hijo de inmigrantes judíos ortodoxos que seguramente nunca imaginaron que su pequeño Harold se convertiría en el sumo sacerdote de la literatura occidental. Yale fue su casa, primero como estudiante brillante y después como ese profesor que todos recordaban décadas después. Con su melena blanca y su voz grave, Bloom parecía un profeta del Antiguo Testamento predicando sobre la belleza de las palabras.

Durante toda su vida, Bloom luchó como un guerrero solitario por preservar lo que él consideraba sagrado: el canon occidental. ¿Te suena pretencioso? Quizás lo era, pero había algo genuinamente conmovedor en su pasión. Su libro El canon occidental (1994) fue como lanzar una granada en medio de una fiesta académica —propuso su lista de autores imprescindibles, desde Shakespeare hasta Borges, basándose en lo que llamaba "la autoridad de la voz individual". Para él, la literatura no era un juguete de las modas ideológicas ni un campo de batalla político. Era algo más profundo, más misterioso: un espejo donde el alma humana se contemplaba a sí misma en toda su terrible belleza.

Y luego estaba Shakespeare, su gran amor, su obsesión. Si Bloom hubiera podido viajar en el tiempo, probablemente habría acampado en el Globe Theatre. En Shakespeare: la invención de lo humano (1998), se atrevió a decir algo que muchos consideraron una locura: que el bardo inglés no solo escribió sobre la naturaleza humana, sino que prácticamente la inventó. ¿Exagerado? Tal vez. Pero cuando lees a Bloom hablando de Hamlet o Falstaff, sientes que está describiendo a personas reales que conoció en una vida pasada. También se aventuró con la Biblia como literatura, con los poetas románticos ingleses, con Freud, con Emerson... Era como si intentara abrazar todo el universo literario occidental con sus brazos académicos.

Bloom nunca tuvo pelos en la lengua. Mientras sus colegas se subían al tren del posestructuralismo o los estudios culturales, él se plantaba en medio de las vías, gritando que estaban matando la belleza. Los acusaba —sí, con todas las letras— de convertir la literatura en propaganda barata, de quitarle su poder transformador. ¿Era un viejo cascarrabias resistiéndose al cambio? Algunos dirían que sí. Otros veían en él al último defensor de algo precioso que estábamos perdiendo. La verdad, como siempre, probablemente esté en algún punto intermedio. Bloom murió en 2019, dejándonos una montaña de libros apasionados, controversiales y profundamente personales. Fue, para bien o para mal, el último de los grandes humanistas literarios del siglo XX, un hombre que creía que los libros podían salvarnos el alma.