Julio Mangas Manjarrés

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Julio Mangas Manjarrés
Redacción | Sáb, 26 Abr 2025 - 20:51
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Julio Mangas Manjarrés es uno de los grandes profesionales de la Historia Antigua en España, con publicaciones que marcaron un hito en diversos temas y una gran influencia en los historiadores posteriores

Biografía

Imagínate nacer en 1940 en Palencia, una ciudad castellana donde el silencio de las tardes invita a soñar con otros tiempos. Allí comenzó la historia de Julio Mangas Manjarrés, aunque entonces nadie podía adivinar que aquel niño palentino acabaría convirtiéndose en el gran intérprete de nuestro pasado romano. Su obsesión —porque hay que llamarla así— por descubrir cómo vivían, amaban y sufrían nuestros antepasados bajo las águilas imperiales lo ha llevado a ocupar un lugar único en la historiografía española. Fueron los pasillos de la Universidad de Salamanca los que primero vieron pasar a ese joven estudiante inquieto, los mismos que después recorrerían como profesor antes de dar el salto a la Complutense madrileña.

¿Alguna vez te has preguntado por qué algunos libros académicos acaban polvorientos en las estanterías mientras otros se convierten en compañeros inseparables de estudiantes generación tras generación? "Leyes coloniales y municipales de la Hispania romana" pertenece claramente al segundo grupo. Pero ojo, no estamos hablando de un manual aburrido repleto de artículos legales incomprensibles. Mangas consiguió algo casi imposible: hacer que las ordenanzas municipales de hace dos milenios nos hablen de personas de carne y hueso, de sus problemas cotidianos, de sus aspiraciones. Es como si hubiera encontrado la contraseña para descifrar un código que llevaba siglos esperando ser leído.

Su obra es un caleidoscopio que refleja mil facetas del mundo antiguo. Tomemos "Esclavos y libertos en la España romana", por ejemplo. No son páginas llenas de estadísticas frías sobre la esclavitud. Son historias de Lucio el panadero, de Julia la tejedora, de Marcus el administrador... personas con nombres y rostros que Mangas rescata del olvido. Y cuando te sumerges en "Religión romana en Hispania", casi puedes oler el incienso en los templos, ver a los fieles depositando sus pequeñas ofrendas a Júpiter mientras susurran también una plegaria a sus viejos dioses ibéricos. Detrás de cada capítulo hay meses, quizá años, de trabajo detectivesco: descifrar inscripciones medio borradas, cruzar datos contradictorios, perseguir pistas que a veces no llevan a ninguna parte.

El secreto de Mangas —si es que podemos llamarlo secreto— radica en su forma de trabajar. Mientras otros se conforman con citar a las autoridades clásicas, él prefiere ensuciarse las manos. Literalmente. Ha pasado incontables horas frente a lápidas romanas, acariciando con los dedos las letras grabadas hace veinte siglos, tratando de arrancarles sus secretos. Combina esa pasión por la epigrafía con los últimos descubrimientos arqueológicos, creando un diálogo entre disciplinas que nos permite ver la romanización no como ese proceso monolítico que estudiábamos en el instituto, sino como algo mucho más fascinante: un baile entre culturas donde cada pueblo aportaba sus pasos.

En las aulas de la Complutense ocurre algo especial cuando Mangas toma la palabra. No es que dé clase; es que transporta a sus estudiantes a otro tiempo. "¿Os imagináis caminando por las calles de Tarraco un día de mercado?", pregunta, y de repente todos están allí, esquivando carros, regateando con los mercaderes fenicios, admirando las togas de los magistrados. Muchos de esos estudiantes hipnotizados son hoy catedráticos, directores de museos, arqueólogos de renombre. La semilla que plantó Mangas ha germinado por toda la geografía española, y su influencia se nota en cada nueva excavación, en cada interpretación más humana y menos rígida de nuestro pasado.

Los honores académicos han ido llegando con cuentagotas, como debe ser. Sus artículos adornan las páginas de revistas con nombres impronunciables que solo conocen los iniciados en estos misterios antiguos. Pero lo verdaderamente importante es otra cosa: cuando alguien —estudiante, investigador o simple curioso— necesita entender algo sobre la Hispania romana, antes o después acaba con un libro de Mangas entre las manos. Se han convertido en esos amigos fiables a los que siempre puedes recurrir cuando necesitas una respuesta clara y honesta.

A día de hoy, con más de ochenta años a sus espaldas, Julio Mangas continúa siendo ese faro al que todos miran cuando la niebla de la duda envuelve algún aspecto de nuestro pasado romano. Pero su verdadero legado trasciende las bibliotecas y los despachos universitarios. Nos ha enseñado que somos herederos de un mestizaje cultural extraordinario, que nuestros antepasados no fueron simples víctimas pasivas de la conquista romana, sino protagonistas activos de una transformación que dio lugar a algo completamente nuevo. Gracias a su trabajo meticuloso, a su habilidad para leer entre líneas lo que las inscripciones callan, a esas décadas dedicadas a tender puentes entre el ayer y el hoy, Julio Mangas se ha ganado un lugar especial: es el traductor que nos permite conversar con nuestros tatarabuelos romanos. Y eso, créeme, no tiene precio.