Ernesto Sábato

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Ernesto Sábato
Redacción | Jue, 10 Abr 2025 - 06:28
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Ernesto Sábato fue un escritor, ensayista y pensador argentino que, a través de su obra, exploró los abismos de la condición humana, el conflicto entre la razón y la emoción, y las sombras de la existencia moderna.

Biografía

¿Cómo alguien que trabajaba con ecuaciones y partículas subatómicas termina escribiendo sobre los rincones más oscuros del alma humana? La vida de Ernesto Sábato, nacido en el pequeño pueblo de Rojas en 1911, es precisamente esa paradoja hecha carne. Este hombre, que empezó su carrera entre microscopios y fórmulas matemáticas en La Plata, y que llegó a pisar los laboratorios más prestigiosos de París junto a Marie Curie, un día sintió que algo le faltaba. La ciencia, con toda su precisión milimétrica, no podía responder las preguntas que realmente le quitaban el sueño: ¿por qué sufrimos? ¿qué nos hace humanos? ¿dónde está el límite entre la cordura y la locura?

Su salto a la literatura llegó como un grito desesperado en 1948 con El túnel. Esta novela corta pero intensa —imagínate un puñal clavado en el pecho— nos mete de lleno en la cabeza de Juan Pablo Castel, un pintor que se obsesiona con María hasta límites enfermizos. La prosa es seca, casi quirúrgica (quizás ahí se nota su pasado científico), pero cada palabra duele. Los lectores de la época quedaron hipnotizados: aquí había alguien que se atrevía a mostrar lo que todos escondemos, esas obsesiones que nos corroen por dentro. Y pensar que algunos críticos dijeron que era "demasiado pesimista"... como si la vida fuera siempre color de rosa.

La trilogía que cambió todo

Pero si El túnel fue el aperitivo, Sobre héroes y tumbas (1961) fue el banquete completo. Esta novela es un monstruo hermoso de más de 600 páginas donde Buenos Aires aparece como un laberinto de pasiones y secretos. ¿Te imaginas leer sobre una secta de ciegos que controla el mundo desde las alcantarillas? El famoso "Informe sobre ciegos" es tan perturbador que algunos lectores confiesan haberlo leído con las luces prendidas. Alejandra, Martín, Fernando... personajes que se te meten bajo la piel y no te sueltan. La Argentina de los años 60 palpita en cada página, con sus cafés, sus calles empedradas y esa sensación de que algo terrible está por pasar.

Para cerrar su trilogía, Sábato se volvió completamente loco (en el mejor sentido) con Abaddón el exterminador (1974). Aquí ya no hay reglas: el propio Sábato aparece como personaje, la ficción se mezcla con la realidad, y todo parece estar al borde del colapso. Es como si hubiera decidido dinamitar las convenciones literarias y mostrarnos el caos en estado puro. Algunos lo amaron, otros lo odiaron, pero nadie quedó indiferente.

Más allá de los libros

Lo que muchos jóvenes tal vez no sepan es que Don Ernesto (como le decían con cariño y respeto) no se quedó encerrado en su torre de marfil escribiendo. Cuando la Argentina vivió sus años más oscuros durante la última dictadura militar, él no miró para otro lado. En 1983, ya con más de 70 años, aceptó presidir la CONADEP, sabiendo perfectamente que sería un trabajo doloroso, casi insoportable. El informe Nunca Más es un documento escalofriante que documenta las atrocidades cometidas: 30.000 desaparecidos, centros clandestinos de detención, bebés robados... Sábato lloró muchas veces durante esos meses. "¿Cómo pudimos llegar a esto?", se preguntaba una y otra vez.

Sus últimos años los pasó en Santos Lugares, cada vez más ciego (ironías del destino), pintando cuando podía —porque sí, también era pintor— y recibiendo a los pocos visitantes que aceptaba ver. Matilde, su esposa de toda la vida, lo cuidó hasta el final. Cuando murió en 2011, a apenas 55 días de cumplir un siglo de vida, la Argentina perdió no solo a un escritor: perdió a una conciencia moral, a alguien que nunca dejó de preguntarse por qué los seres humanos somos capaces de tanta belleza y tanta crueldad al mismo tiempo.

Su legado es complejo, contradictorio a veces, pero profundamente honesto. En un mundo donde todo parece tener que ser blanco o negro, Sábato nos recordó que vivimos en una escala infinita de grises. Y quizás, solo quizás, en esa incertidumbre está nuestra única certeza.