Terenci Moix

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Redacción | Vie, 28 Feb 2025 - 20:28
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Terenci Moix es un escritor español que demostró un total dominio de la lengua tanto en sus trabajos periodísticos como en novelas históricas ambientadas en diferentes épocas

Biografía

¿Conoces a Terenci Moix? Si te digo que nació como Ramón Moix i Messeguer en Barcelona, quizás no te suene tanto. Pero este tipo fue uno de los escritores más fascinantes y carismáticos que ha dado la literatura española moderna. Su pluma tocó todos los palos: novelas, ensayos, autobiografías... Y siempre, siempre con esa ironía tan suya, esa pasión desbordante por el cine y esa obsesión casi enfermiza con el antiguo Egipto y sus faraones.

Allá por los años 60, Moix empezó a soltar sus primeras bombas literarias. La torre de los vicios capitales (1968) ya dejaba ver que este chico venía a romper moldes y a meter el dedo en la llaga de la sociedad. Pero el bombazo gordo llegó con El día que murió Marilyn (1970). ¡Menudo homenaje a la cultura pop y al Hollywood dorado! Era como si hubiera abierto su baúl de los recuerdos cinematográficos y los hubiera esparcido por las páginas.

Y entonces llegó 1986. No digas que fue un sueño lo cambió todo. El Premio Planeta cayó en sus manos y los lectores se volvieron locos con esa historia de Cleopatra y Marco Antonio. ¿Te imaginas? Moix nos transportó al Egipto antiguo con una mezcla perfecta de rigor histórico y pasión romántica. Era como ver una superproducción de Hollywood pero en papel. Y claro, el tipo no se quedó ahí: siguió exprimiendo su amor por las pirámides con joyas como El amargo don de la belleza (1996) y El sueño de Alejandría (1988).

Pero espera, que hay más. Moix también se desnudó el alma en sus textos autobiográficos. Extraño en el paraíso (1998) es un viaje alucinante a su infancia, con todas esas tardes pegado a la pantalla viendo a Greta Garbo y compañía. Y Garras de astracán (1991)... ¡madre mía! Qué manera de reírse de la España casposa de entonces.

¿Sabes qué es lo que hace especial la escritura de Moix? Esa mezcla imposible entre elegancia y descaro, entre nostalgia y sarcasmo. El tío mezclaba referencias al cine negro con mitología egipcia, pasaba de Cleopatra a Marilyn Monroe sin despeinarse. Era como un DJ literario que sabía exactamente qué mezclar para que sonara perfecto.

Y mira, hay algo que no podemos pasar por alto: Moix fue un valiente. Cuando hablar de homosexualidad era como mencionar al diablo, él iba y lo ponía en sus libros con total naturalidad. Se plantó ante una sociedad pacata y dijo "aquí estoy yo, y qué". Eso, amigos, tiene un mérito tremendo.

Los premios le llovieron, claro. ¿Cómo no iban a reconocer a alguien que escribía con tanta pasión y autenticidad? Pero más allá de los galardones, lo que queda es el recuerdo de un escritor único, irrepetible. Un tipo que nos enseñó que se puede ser culto sin ser pedante, que se puede hablar de amor entre hombres sin pedir perdón, que se puede mezclar a Tutankamón con James Dean y que salga una obra maestra.

Hoy, cuando abrimos uno de sus libros, es como si Terenci nos guiñara un ojo desde el más allá y nos dijera: "¿Ves? La literatura también puede ser divertida". Y vaya si tenía razón.