Biografía
Imagínate Madrid, 21 de julio de 1905. Nace Miguel Mihura, un chaval que terminaría cambiando para siempre la forma de hacer reír (y pensar) en los escenarios españoles. Creció rodeado de bambalinas —su padre ya andaba metido en el mundillo teatral— y desde pequeño se le notaba esa chispa especial para ver el lado absurdo de las cosas. Con el tiempo, ese crío madrileño se convirtió en uno de los dramaturgos más originales del siglo XX español, alguien capaz de mezclar humor del bueno con crítica social, todo ello envuelto en una ternura que te llegaba al alma.
¿Te suena Tres sombreros de copa? Pues la escribió en 1932, cuando apenas tenía 27 años. Pero aquí viene lo curioso: la obra era tan rompedora, tan diferente a todo lo que se hacía entonces, que nadie se atrevió a estrenarla hasta ¡veinte años después! Cuando por fin vio la luz en 1952, fue como si alguien hubiera abierto las ventanas de un teatro polvoriento. El público descubrió personajes estrafalarios, situaciones que rozaban lo surrealista y un humor que, bajo su aparente ligereza, tocaba temas que todos llevamos dentro: esa sensación de estar atrapados en la rutina, las ganas de ser libres, el vacío existencial... Mihura se había adelantado a su tiempo, anticipándose incluso a las corrientes europeas del teatro absurdo que vendrían después.
Pero el maestro no se quedó ahí. Obras como Maribel y la extraña familia o Ninette y un señor de Murcia siguieron conquistando al público con esa mezcla tan suya: diálogos chispeantes que te arrancan carcajadas y, de repente, una pizca de melancolía que te deja pensando. Era como si Mihura tuviera una lupa especial para ver todas nuestras rarezas y contradicciones, y supiera exactamente cómo mostrarlas sin que nos sintiéramos juzgados, sino comprendidos.
Y es que Mihura no solo escribía teatro. El hombre era un todoterreno: colaboraba en revistas de humor (donde su pluma hacía de las suyas), escribía guiones de cine... Tenía ese don de observar la vida cotidiana y encontrarle el ángulo gracioso, pero siempre con inteligencia, nunca con crueldad. Sus colaboraciones periodísticas eran como pequeñas joyas humorísticas que la gente esperaba con ganas cada semana.
El 28 de octubre de 1977, Madrid perdió a uno de sus hijos más brillantes. Pero el legado de Mihura sigue ahí, tan vivo como siempre. Sus obras siguen representándose, siguen haciéndonos reír y, lo que es más importante, siguen haciéndonos mirarnos al espejo con una sonrisa cómplice. Porque al final, ¿quién no se ha sentido alguna vez como Dionisio en Tres sombreros de copa, atrapado entre lo que se espera de nosotros y lo que realmente queremos ser? Ese es el gran regalo de Mihura: nos enseñó que se puede hablar de las cosas serias de la vida sin perder la sonrisa.