Cormac McCarthy

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Cormac McCarthy
Redacción | Vie, 11 Abr 2025 - 09:58
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Cormac McCarthy es uno de los mejores narradores de la literatura estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, siendo capaz de brillar en novelas costumbristas y en estremecedoras distopías de terror

Biografía

¿Alguna vez has leído una novela sin comillas? ¿Sin comas donde esperabas encontrarlas? Cormac McCarthy fue ese tipo de escritor que te hacía dudar de todo lo que creías saber sobre literatura. Este hombre, nacido en Providence, Rhode Island, en 1933, pero criado entre las montañas de Tennessee, se convirtió en uno de los autores más peculiares y respetados de la literatura estadounidense. Y cuando digo peculiar, me refiero a que el tipo escribía en una máquina de escribir Olivetti que compró en una casa de empeños por 50 dólares —la misma que usó durante más de 50 años.

McCarthy no era de esos escritores que buscan los reflectores. De verdad, el hombre era prácticamente un fantasma mediático. Durante décadas, cultivó una carrera marcada por la independencia total y un misterio que haría palidecer a cualquier celebridad moderna. Sus temas favoritos —la violencia cruda, la búsqueda desesperada de redención, esa naturaleza salvaje que todos llevamos dentro— los exploraba con una prosa que te golpeaba como un puñetazo en el estómago. Era como leer la Biblia mezclada con un western sangriento.

Los primeros años: cuando nadie lo conocía

Sus primeras novelas, El guardián del vergel (1965) y Hijo de Dios (1973), eran densas como un bosque de Tennessee en plena noche. Poéticas hasta el dolor. Ya desde entonces se notaba su fascinación por lo brutal, por esos rincones oscuros donde la tragedia acecha. Pero seamos honestos: casi nadie las leyó en su momento. McCarthy vivía prácticamente en la pobreza, mudándose de un lugar a otro, escribiendo en moteles baratos.

El verdadero reconocimiento llegó con Suttree (1979), una novela autobiográfica ambientada en Knoxville. Pero fue Meridiano de sangre (1985) la que lo catapultó al olimpo literario. ¿Te imaginas una epopeya violenta en la frontera mexicana del siglo XIX? Bueno, ahora añádele uno de los villanos más aterradores jamás escritos: el juez Holden, un gigante albino y erudito que filosofa mientras mata. Harold Bloom la llamó "el apocalipsis americano", y no exageraba ni un poco.

El éxito tardío: cuando el mundo lo descubrió

McCarthy tenía casi 60 años cuando finalmente el público masivo lo descubrió. Todos los caballos bellos (1992) fue como un bálsamo después de tanta violencia: más accesible, emotiva, casi tierna en su retrato de vaqueros adolescentes. Esta primera parte de su "Trilogía de la frontera" (completada con En la frontera y Ciudades de la llanura) le trajo premios importantes, incluido el National Book Award. De repente, el ermitaño literario era una estrella.

Pero McCarthy no se conformó con el éxito fácil. No es país para viejos (2005) nos regaló a Anton Chigurh y su pistola de ganado —¿recuerdas esa adaptación de los hermanos Coen que te dejó sin aliento? Y luego vino La carretera (2006), esa pesadilla postapocalíptica sobre un padre y su hijo caminando entre cenizas. Ganó el Pulitzer y Oprah lo recomendó en su club de lectura. ¿Quién lo hubiera imaginado? El escritor más hermético de Estados Unidos en el show de Oprah.

El legado de un gigante silencioso

Cuando McCarthy murió en 2023, a los 89 años, dejó tras de sí una obra que, aunque no sea enormemente extensa (publicó solo 12 novelas en casi 60 años), cambió para siempre el paisaje literario estadounidense. Su exploración obsesiva de los límites morales y físicos del ser humano, ese lenguaje suyo que podía ser lírico y brutal en la misma frase, su terquedad absoluta para ignorar las tendencias literarias... todo eso lo convirtió en algo más que un escritor.

¿Era un genio o simplemente un tipo terco que escribía como le daba la gana? Probablemente ambas cosas. Lo que sí es seguro es que después de leer a McCarthy, ya no puedes ver la literatura —ni el mundo— de la misma manera. Y eso, en estos tiempos de algoritmos y fórmulas predecibles, vale su peso en oro.