Biografía
El 25 de abril de 1852 llegaba al mundo en Zamora un niño que marcaría las letras españolas para siempre: Leopoldo Alas, conocido por todos como Clarín. Aunque nació zamorano, fue Oviedo la ciudad que de verdad lo vio crecer y que se metió hasta los huesos en su escritura. ¿Se imaginan a un joven provinciano llegando a Madrid para estudiar Derecho? Pues así fue como nuestro futuro escritor se topó de bruces con toda la efervescencia intelectual de la capital. Entre clases y tertulias, Clarín fue tejiendo su camino: primero como profesor universitario —llegó a catedrático en su querida Oviedo— y después como escritor y crítico literario con una pluma afilada que no dejaba títere con cabeza.
Si hay una obra que define a Clarín, esa es La Regenta (1884-1885). Esta novela es una auténtica joya de nuestra literatura decimonónica. Cuenta la historia de Ana Ozores, una mujer que vive atrapada en Vetusta (trasunto literario de Oviedo) entre un marido mayor que no la comprende y una sociedad que la asfixia con sus prejuicios. La pobre Ana busca refugio donde puede: primero en la religión, después en un amor prohibido... pero ya saben cómo acaban estas historias cuando el qué dirán pesa más que la compasión. Los críticos no se equivocan cuando comparan esta obra con Madame Bovary de Flaubert: ambas radiografían con precisión quirúrgica la hipocresía de una época donde las apariencias lo eran todo. El realismo y naturalismo que Clarín maneja en estas páginas es sencillamente magistral.
Pero Clarín fue mucho más que La Regenta. En 1890 publicó Su único hijo, una novela más corta pero que también deja huella. Y luego están sus cuentos —algunos verdaderamente memorables— y esos artículos periodísticos donde sacaba a relucir su ironía más mordaz. Como crítico literario, hay que reconocerlo, era temible: sus reseñas podían encumbrar o hundir a un escritor. No es exagerado decir que su voz era una de las más respetadas (y temidas) del mundo cultural español de finales del XIX. El 13 de junio de 1901, Oviedo perdía a uno de sus hijos más ilustres. Pero el legado de Clarín sigue vivo: sus obras continúan leyéndose, estudiándose y, lo que es más importante, haciéndonos reflexionar sobre la condición humana y las contradicciones de cualquier sociedad.