Biografía
¿Conoces esa sensación cuando lees algo que te transporta completamente a otro mundo? Eso es lo que Neil Gaiman lleva haciendo desde 1960, cuando nació en Portchester, Inglaterra. Este escritor británico no es solo uno más del montón: es probablemente el mago más grande de la fantasía y ciencia ficción que tenemos hoy día. Empezó como periodista y escribiendo guiones de cómic —nada glamoroso, la verdad— pero mira dónde está ahora: novelas, cuentos, guiones de tele, cómics, libros para niños... El tipo hace de todo y lo hace bien.
Su gran bombazo llegó con The Sandman, una serie de cómics que salió entre 1989 y 1996. ¿Te imaginas mezclar mitología antigua con Shakespeare y referencias pop en una historia sobre el señor de los sueños? Pues eso hizo Gaiman, y no solo funcionó: cambió para siempre cómo vemos las novelas gráficas. Ya no eran "solo cómics para críos", ahora eran literatura de verdad. Después vinieron las novelas que lo consagraron: American Gods —donde los dioses antiguos se pelean con los nuevos dioses del internet y la tecnología en plena América moderna— y Neverwhere, que te lleva por un Londres underground que existe justo debajo de nuestros pies pero que nadie ve.
Lo más bonito es que Gaiman nunca se olvidó de los pequeños lectores. Coraline y El libro del cementerio son joyas que te dan escalofríos y te abrazan al mismo tiempo —algo muy difícil de lograr, créeme—. Las dos terminaron en el cine, porque claro, Hollywood también cayó rendido ante su magia. Y hablando de pantallas, el hombre no para: hace poco estuvo produciendo y escribiendo la adaptación de Good Omens, ese libro genial que escribió con su amigo Terry Pratchett. También da charlas por todo el mundo defendiendo la lectura y la imaginación, porque sabe que ahí está el verdadero poder. Su estilo es único: melancólico pero con chispa, oscuro pero con corazón, y siempre, siempre, con ese amor profundo por las historias que nos contaban de pequeños. En un mundo que a veces parece haber perdido la capacidad de soñar, Neil Gaiman nos recuerda que la magia todavía existe, solo hay que saber dónde buscarla.