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Una de las cosas que define a los clásicos es que cada generación puede y debe hacerlos suyos y encontrar en ellos sus propias lecciones y disfrutes. De este modo, todas las épocas han vuelto a determinadas obras una y otra vez, tanto para leerlos como para recrearlas en forma de nuevas versiones.
Esto es especialmente habitual en lo que se refiere a las obras teatrales, ya que más allá del texto el que lleva la historia a las tablas puede jugar con el vestuario, la escenografía, la música… para cambiar por completo el tono o incluso el significado de un clásico. Gracias a esto hemos visto tragedias de Eurípides que claman contra las guerras modernas o versos de Sófocles que hablan de la situación de la mujer en el mundo actual.
Shakespeare, el gran maestro del teatro moderno, es especialmente fecundo en este tipo de interpretaciones, algunas de las cuales no han estado exentas de polémica. Esto es lo que está ocurriendo en estos momentos con la versión de Tito Andrónico, una de las primeras tragedias del bardo británico, que la Royal Shakespeare Company en los escenarios de su teatro en Stratford-upon-Avon.
Para representar este Tito Andrónico, los responsables de escenografía han instalado un complejo sistema de drenajes que permiten limpiar los litros y litros de sangre falsa que se derraman en el escenario en cada representación. Todo un delirio de violencia fingida y sangre que hasta el momento ha atraído a miles de espectadores y que ha encontrado eco en la prensa de todo el mundo. Mientras unos aplauden fascinados la osadía de recuperar una obra que ya en su estreno, en época isabelina, fue considerada de mal gusto, otros consideran este exceso de violencia como una simple provocación que no aporta nada.
El director de la obra, Max Webster, ha declarado que desde su punto de vista es esencial que el público sepa qué tipo de espectáculo va a encontrarse, para evitar malos entendidos y escenas desagradables. El que entra a ver este Tito Andrónico tiene que saber a qué atenerse, y después asumir las consecuencias. Algo parecido piensa el veterano actor Simon Russell Bale, protagonista de la obra y principal promotor de su puesta en escena.
Tito Andrónico cuenta la historia del regreso a Roma de un general victorioso que regresa a Roma con la reina goda Tamora como cautiva. Andrónico sacrifica a uno de los hijos de la reina, y cuando esta consigue alcanzar el trono imperial desata su propia venganza contra el general en una espiral de muerte, destrucción y canibalismo que no deja a ninguno indemne.
Aunque la puesta en escena de este Tito Andrónico está pensada específicamente para que no haya referencias a ningún conflicto actual, todos los espectadores lo acaban identificando con los sucesos de Ucrania, Siria o Gaza, según las experiencias de cada uno.