Biografía
¿Te imaginas nacer en un pueblecito perdido de Asturias y acabar convirtiéndote en uno de los dramaturgos más queridos de España? Pues eso fue exactamente lo que le pasó a Alejandro Casona. El 23 de marzo de 1903, en Besullo —un rincón tan pequeño que ni sale en muchos mapas—, nació este hombre que cambiaría la forma de hacer teatro en el siglo XX. Lo curioso es que empezó como maestro, y esa vocación de enseñar nunca la perdió. Se le notaba en cada obra que escribía, siempre intentando transmitir algo más que una simple historia.
Casona tenía algo especial: mientras todos hacían teatro realista, él se atrevió a mezclar la realidad con la fantasía de una manera que te dejaba con la boca abierta. Sus obras trataban los grandes temas de siempre —el amor, la muerte, la libertad, los sueños— pero con una poesía que te llegaba al alma. La dama del alba, por ejemplo, es una obra que todavía hoy te pone los pelos de punta. Imagínate: la Muerte aparece como personaje, pero no como algo terrorífico, sino casi humana, en medio de un pueblito asturiano que podría ser cualquiera de los que conoció en su infancia. Y luego está Los árboles mueren de pie, donde te ríes y lloras a partes iguales mientras reflexionas sobre lo importante que es mantener viva la esperanza, aunque la vida te golpee.
Todo cambió en 1936. La Guerra Civil lo pilló siendo un republicano convencido, y no le quedó más remedio que hacer las maletas. Argentina se convirtió en su segunda casa, y allí fue donde realmente despegó su carrera. Es paradójico, ¿verdad? Tuvo que irse de España para triunfar como dramaturgo español. Durante todos esos años lejos de casa, su teatro siguió defendiendo los mismos valores de siempre: la justicia, la esperanza, la dignidad... pero ahora con ese poso de melancolía que solo conoce quien ha tenido que dejar atrás su tierra.
Cuando por fin pudo volver en 1962, España ya no era la misma, y él tampoco. Siguió escribiendo hasta el final, fiel a su estilo poético que algunos críticos —siempre hay alguno— consideraban pasado de moda frente a las vanguardias teatrales del momento. Pero al público le daba igual lo que dijeran los entendidos: la gente seguía llenando los teatros para ver sus obras.
El 17 de septiembre de 1965, Madrid perdió a uno de sus grandes. Casona nos dejó, pero su teatro sigue ahí, recordándonos que la vida necesita una pizca de poesía, un poco de magia y mucha humanidad. Sus personajes siguen hablándonos desde los escenarios, demostrándonos que los sueños y los valores humanos nunca pasan de moda. Y es que, al final, ¿qué sería de nosotros sin un poco de fantasía para sobrellevar la realidad?